Una diplomacia mexicana de prestigio

Por: Luis Manuel DE LA TEJA
Consejero de los Mexicanos en el Exterior (CCIME)
editorteja@yahoo.com

Se ignora que México y Estados Unidos siendo países independientes, soberanos y autónomos, su desarrollo y bienestar bilateral impacta directamente la calidad de vida de sus ciudadanos en ambos lados de la frontera,  producto de las crecientes interdependencias, sociales, culturales, económicas derivadas de su ubicación geopolítica que compite en el mundo como región de América del Norte a nivel mundial. La integración comercial –más conocida que la integración social- es justo la asignatura pendiente del nuevo Embajador en Washington, Carlos Manuel Sada, reposicionar  el prestigio de México en Norteamérica,  al resaltar que la relación binacional es estratégica, al mejorar el nivel de vida de la población gracias a que ha detonado una mayor productividad compartida entre ambas naciones.

México, se sabe está viviendo tiempos complicados, difíciles, inéditos en EU, no solo por la retórica infamatoria e incendiaria de los candidatos, sino que este desconocimiento de la relación bilateral, en ambos frentes del espectro político Demócrata- Republicano, permea la psicología social de nuestro vecino, con un discurso simplista, cuyo electorado comparte una visión que para “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, lema de Donald, busca culpabilizar a los mexicanos de los males que sufre el país; como también acusa la otra corriente política al TLCAN de la pérdida de empleos para los estadounidenses,  que de no aclararse con una estrategia coherente de parte de México, se avizora un clima tormentoso en la conducción de la política internacional y al interior de EU que necesariamente afectara la relación binacional y la calidad de vida de norteamericanos y mexicanos.

La apertura comercial ha significado  un incremento sustancial en el poder adquisitivo de las familias de Estados Unidos, según un estudio de las Universidades de California y de Columbia, el trabajador medio estadounidense perdería 29% de su poder adquisitivo, si su país se cerrara al comercio, mientras que los trabajadores con menores ingresos lo verían desplomarse en 62%. Esto porque su consumo depende en mayor medida de productos importados. Hay que partir, que el comercio entre EU y México, es único en el mundo, ya que existe un programa de “producción compartida”, en el cual un 40% del contenido de las exportaciones de Estados Unidos que provienen de México, en realidad se producen en EU. Esto significa que 40 centavos de cada dólar gastado en importaciones de México, regresan a EU, una cantidad 10 veces mayor que los cuatro centavos por cada dólar que regresan de los productos que se importan de China.

La pérdida directa de empleos manufactureros en EU asociada con el traslado de producción hacia México se calcula como máximo en un millón de puestos de trabajo, lo que se compara muy favorablemente con la creación de 14 millones de empleos que la Cámara de Comercio de Estados Unidos estima que están vinculados con el comercio con nuestro país. La respuesta en EU se tiene que buscar en la capacitación y en desarrollar habilidades que le den mayor flexibilidad a la fuerza laboral, mas no en el proteccionismo, hacerlo solo provocaría una caída en la productividad, los salarios, una mayor inflación y perdida de bienestar para los menos favorecidos.

A México, le viene bien reconocer que cuando tiene una unidad de propósito, construye un andamiaje diplomático institucional coherente con su prestigio, suele conseguir sus objetivos, prueba de ello es el TLCAN, cuando en 1990 diseñó una estrategia efectiva para atraer la atención de los americanos hacia las cosas mexicanas. Para este fin, presentó entre otras estrategias la extraordinaria exhibición “México: Esplendores de Treinta Siglos”, en Nueva York y en muchos otros foros, se organizaron foros, conferencias en todos los rincones de la geografía norteamericana,  logró  cautivar a los estadounidenses, pero tan pronto se ratificó el TLC, se abandonó la estrategia y se creó un enorme vacío que con el tiempo ha sido llenado por los grupos que se habían opuesto al Tratado Comercial.

Es indispensable asumir que así como en lo comercial nuestra ausencia contribuyó en crear un caldo de cultivo adverso para México,  en lo social del imaginario colectivo de los estadounidenses hay que reconocer que históricamente los mexicanos en el exterior, siempre han sido vistos por nuestro país como los olvidados, como un problema ajeno y no propio. El Programa Especial de Migración 2014-2018 planteó como objetivo, romper la invisibilidad de los migrantes, sin embargo cuando oímos hablar de ellos en México, casi parecen iguales, idénticos unos a otros, intercambiables y por tanto desechables.

Sin identidad y sin nombre, apenas con una mochila al hombro, poco o nada hemos hecho como Estado Mexicano, para reflejar su contribución a las comunidades de origen y destino, aunque nos enorgullecemos, que  Naciones Unidas adoptara el 27 de septiembre del 2015 el compromiso del Presidente Enrique Peña Nieto de incluirlos en la Agenda 2030.

Mientras la emigración sea un problema para México como país de origen, la percepción en EU como lugar de destino no podrá ser visto de manera diferente, ni habrá estrategia para convencer a una tercera parte del electorado norteamericano que ve con el recelo, casi odio,  teme a los inmigrantes mexicanos, sin importar que preparan sus alimentos, les atienden en bares y restaurantes, cuidan de sus hijos, pero cuando piensan en ellos en su conjunto, no pueden sino causarles miedo.

¿Qué hacer con Estados Unidos y con los mexicanos en la unión americana?  Una buena noticia es que el gobierno de México ha cambiado y reforzado su alineación, con un profesional de estos menesteres. Carlos Manuel Sada,  pero no es suficiente sino es acompañada de una política de estado de una clase política que más allá de criticar buscando raja electoral, se dedique a crear un andamiaje institucional que haga exitosos a nuestros connacionales en el exterior y a sus familiares en México.