Tejiendo Sueños

«En los días antiguos, contaban las leyendas que existía un tejedor de sueños de piel azul, orejas puntiagudas y alas transparentes. En aquella época arrinconada por el paso de los años, las eras, las edades, por los siglos de tiempo de la historia, cuando se danzaba sobre el agua y solo se tenía el manto celeste como techo, era sabido que, si una persona tenía pesadillas o algo la atemorizaba, podía recurrir a él en busca de ayuda. Los antiguos le llamaban Morfeo, y solo algunos, los auténticos soñadores, llegaron a conocerle. El resto no supo mucho más acerca del urdidor de sueños y, con el paso de los años, su nombre y su rostro se perdieron entre las galerías olvidadas de la memoria de los pueblos, convirtiéndose, como tantos otros, en un mito. En una leyenda Perdida.»[1]

Como este, existen varios cuentos y leyendas sobre la figura del tejedor o la tejedora de sueños. La mayoría de las veces se presenta como una anciana que teje sueños de noche, mientras todos duermen. Una de esas historias habla de una anciana que llega a un pueblo pidiendo aposento y se aloja en el hostal donde vivía un matrimonio y su familia. La anciana noche tras noche tejía un tapiz distinto, el cual ante los ojos de todos no tenía un sentido particular, pero para una persona especifica el tapiz le mostraba su historia y sueños. Así fue tejiendo un tapiz para cada habitante del pueblo, hasta que por último tejió el tapiz para el dueño del hostal quien por no ver el significado de los demás tapices no creía que la anciana en realidad era una tejedora de sueños hasta que le tocó su turno. También está el cuento de la abuela tejedora que llegó a una ciudad y se dedicó a tejer todo lo que necesitaba para vivir y así tejió unas pantuflas, una casa, un coche, un pastel y hasta dos nietos. Pero como nadie aceptó a sus nietos, ni la escuela, ni el alcalde, ni los funcionarios aceptaron a sus nietos de hilo y huecos, decidió mudarse de ciudad.

“Ya no suenan las agujas.

Cuando desapareció todo, la abuela destejió a sus nietos también. Tomó su bastón y abandonó el lugar para siempre.

Pero la abuela encontrará otro lugar y tejerá todo nuevamente. Lo primero serán sus nietos, para que vuelvan a reír y a correr. Y si en aquel lugar encontrara gente agradable, que con gusto acepte a sus nietos, la abuela tejedora, sin preocuparse, se sentará a tejer y tejerá, tejerá, tejerá…”[2]

¿Quién es esta figura que teje nuestros sueños? La anciana o la vieja siempre representa un símbolo del arquetipo de la sabia, la parte de nosotras “que sabe”. Sabe lo que queremos y sabe lo que necesitamos.  La anciana también sabe que no hay tiempo que perder, por eso cuando siente que no está en el lugar correcto o el lugar donde puede manifestar los sueños, agarra su hilo y agujas y se mueve de lugar.

El tejido es una metáfora para entender la relación entre lo cotidiano y lo sagrado, entre lo divino y lo terrenal, es lo que conecta el pasado y el presente, lo imaginado y lo real. ¿Has pensado alguna vez porque la misma palabra que se usa para nombrar las historias que nos visitan al dormir es la misma usada para nombrar aquello que más anhelamos y deseamos? Soñamos de noche y soñamos de día, los sueños en la noche actúan como estrellas iluminando aquello que no conocemos o entendemos, aquello que aun está en la oscuridad. Así como lo está una semilla que aun no germina. ¿Quién teje tus sueños de día? ¿No están estos sueños también, compuestos por un poco de realidad (lo que es hoy) y otro poco de lo que solo existe aún en tu imaginación?  Hasta que termines esa vuelta que completa la telaraña y se materialice en tu tapiz de vida.  Tejemos con palabras, acciones, abrazos, colores, conversaciones, relaciones y con ello creamos nuestras historias. A veces parte de tejernos hasta estar completas consiste en deshacer el tejido que ya no sirve para continuar construyendo, igual que las arañas. No hay errores, es solo parte del proceso de tejer tu obra maestra.

“¿Y qué decir de Nela?, pues que fue la encargada de uno de los trabajos más importantes del mundo mágico: las hadas la nombraron tejedora de los sueños y desde entonces, ella es la encargada de visitar las mentes de todos los humanos mientras duermen, y, con sus hábiles manos e hilos de oro y nácar, tejen nuestras fantasías para provocarnos los más placenteros descansos y poder soñar, así, con ese mundo mágico que siempre nos aguarda al otro lado.”[3]

Lola

 

 

[1] Pascual, Pilar “Mundo Sueño: La Orinomarca Secreta” (EDEBE, 2016), p. 11.

[2] Uri Orlev (autor) Tania Janco (ilustradora): La abuela tejedora. México: Fondo de Cultura Económica, 1997. Especiales A la orilla del viento.

[3] Autor desconocido