Recordando a Camilo Cienfuegos: “El hombre de las mil anécdotas”

Por Marco Dávila

maidaca85@gmail.com
“¿Quién lo mató? Podríamos mejor preguntarnos: ¿quién liquidó su ser físico? Porque la vida de los hombres como él tiene su más allá en el pueblo; no acaba mientras éste no lo ordene. Lo mató el enemigo, lo mató porque quería su muerte, lo mató porque no hay aviones seguros, porque los pilotos no pueden adquirir toda la experiencia necesaria, porque, sobrecargado de trabajo, quería estar en pocas horas en La Habana… y lo mató su carácter. Camilo, no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo atraía y lo manejaba; en su mentalidad de guerrillero no podía una nube detener o torcer una línea trazada”—Ernesto “Che” Guevara

LÍDER REVOLUCIONARIO, que junto a Che, Raúl y Fidel aprendió la máxima “Vencer o Morir”. Un “joven barbudo, de melena casi roja, flaco y somnoliento, con la canana cargada de balas colgando de donde debía estar la cintura y un enorme sombrero de fieltro”. Nace un 6 de febrero del año 1932, en La Habana, Cuba.

De formación proletaria. Fue un guerrillero inteligente, tenaz, audaz, ocurrente y simpático según cuentan quienes le conocieron:

Quedó muy bien Fulgencio

Otra de sus cosas era con los perros, con los animales en general. Recuerdo ahora que, al poco tiempo del 10 de marzo de 1952, del golpe de Estado que diera el dictador Fulgencio Batista, se apareció en casa un perrito. Llegó por la madrugada, de eso estoy seguro, porque Camilo, asociando la llegada del animalito con la entrada de Batista por la posta 6 en una madrugada, le puso Fulgencio.

Cuando se fue quisimos disimular y le decíamos Negrito. Una vez le escribimos mandándole una foto y él contestó: “Quedó muy bien Fulgencio”.

Cuando nos hacen un registro, ven la carta y me preguntan por Fulgencio y cuando le digo que Fulgencio es el perro, ¡cómo se puso el guardia!

(Narrado por Ramón Cienfuegos)

El “bando comelón”

Camilo tenía hambre y quería comer; tuvimos fuertes “broncas” con Camilo porque quería constantemente meterse en los bohíos para pedir algo y, dos veces, por seguir los consejos del “bando comelón” estuvimos a punto de caer en las manos de un ejército que había asesinado allí a decenas de nuestros compañeros.

Al noveno día, la parte “glotona” triunfó; fuimos a un bohío, comimos y nos enfermamos todos, pero entre los más enfermos, naturalmente, estaba Camilo, que había engullido como un león un cabrito entero.

(Narrado por Ernesto “Che” Guevara)

¿Para qué piensas que pelea?

Recuerdo que una vez un compañero le preguntó qué era los comunistas.
–          ¿Tú qué eras antes de alzarte? –preguntó él como respuesta.

–          Ordeñador –respondió el compañero.

–          ¿Qué te han dicho que son los comunistas?

–          Que son malos…

–          ¿Y si tú ves a un comunista peleando junto a nosotros, para qué piensas que pelea?

–          Para el bien del pueblo.

–          ¡Ah, entonces no son tan malos como te dicen!

(Narrado por Roberto Sánchez Berthelemy, guerrillero invasor de la Columna de Camilo, y combatiente en el Congo junto a Che)

Chiste mutuo

Pasó aquello, salvamos la vida, la mía personalmente gracias a la intervención del compañero Almeida y vagamos cinco hombres por los acantilados cercanos a Cabo Cruz. Allí, una noche de luna encontramos a tres compañeros más, dormían plácidamente sin temor a los soldados y los sorprendimos creyendo precisamente que eran enemigos, no pasó nada, pero serviría después de base a un chiste mutuo que nos hacíamos; el que hubiera estado yo entre los que lo sorprendieran, pues otra vez me tocó levantar bandera blanca para que su gente no nos matara, confundiéndonos con batistianos.

(Narrado por Ernesto Che Guevara)

La “rendición” de los soldados

La orden era detener una tropa de Sánchez Mosquera. La vanguardia recibió la misión de adelantarse por uno de los flancos.

Mientras avanzaban localizaron al enemigo en una altura, con evidente ventaja sobre ellos. Pese a la desventaja, Camilo abrió fuego sobre las sombras con cascos.

El fuego de su fusil obligó a los hombres a echarse a tierra, y él continuó hostigándolos hasta que en la punta de un fusil flotó la bandera de rendición en la forma de un pañuelo blanco.

Avanzando cautelosamente llegó hasta los soldados. Su sorpresa fue mayúscula, el militar rendido desanudaba tranquilamente el pañuelo de la punta del fusil mientras le comentaba:

-¿Vos no te diste cuenta que éramos nosotros? –preguntaba el argentino.

Che había avanzado por otro lado y ocupado una posición superior; al percatarse de que el agresor era Camilo izó la vadera de paz.

Con esto quedaba zanjada una vieja disputa. Luego de Alegría de Pio Ernesto había sorprendido dormido a Camilo y también lo había “capturado”.

(Narrado por Reinaldo Benítez, asaltante al Moncada, expedicionario del Granma)

Ese “matasanos”

La primera vez que William Gálvez vio a Camilo fue en el Hombrito. El guerrillero ya legendario venía a la “consulta” de Ernesto. Fue también la primera jarana que le escuchara. Estaba risueño y comentó su preocupación de extraerse una muela con el Che.

-¿Cómo es posible —comentó William— si el Che es médico y seguro no te va a doler?

-No, no es porque me duela, sino porque ese “matasanos” de seguro me saca una buena y no la mala.

(Narrado por William Gálvez, guerrillero invasor, autor de varios libros sobre la vida de Camilo)

De la memoria popular

El Che visitaba la zona de Yaguajay para discutir con Camilo los pasos a seguir. La presencia del legendario guerrillero argentino provocó la lógica curiosidad y muchos pobladores del lugar se acercaron para verlo; se asomaban por todos lados.

En medio de la conversación, antes de iniciar la reunión que sería privada, Camilo, al notar la curiosidad de los campesinos, le comentó a Ernesto Guevara:

-Ya sé a lo que me voy a dedicar cuando triunfemos: Te voy a meter en una jaula y recorrer el país cobrando cinco kilos la entrada para verte. ¡Me hago rico!

¿Impresionar con tu estado mayor?

Una noche de finales de agosto llegó Camilo a Las Vegas para ver al Che. El Che estaba acostado en la cama, sin camisa, y conversando con Miguel, Ramón Pardo, Guile, y yo.

Desde que llegó Camilo se puso a jugar con el Che: a hacerle cosquillas, a imitarle el hablar. Entonces, riéndose, le dijo a Camilo:

-Mirá, Camilo, fíjate que estás jugando al lado de mi estado mayor.

-¿Cuál es tu estado mayor? –le preguntó Camilo.

-Pues, mirá, aquí tienes al compañero Miguel, que es el jefe de la comandancia, al compañero Guile, que es el jefe de la escuadra, y a Pachequito, que es el jefe de suministros de la tropa.

Camilo lo miró y hablando en tono argentino, le ripostó:

-¿Y vos crees que me vas a impresionar con tu estado mayor?

(Narrado por Raimundo Pacheco Fonseca, guerrillero)

De la memoria popular

Después del triunfo de la revolución, Fidel y Camilo, los inseparables guerrilleros, acudían con regularidad a los encuentros de pelota, algunas veces como espectadores y otras como activos participantes.

En una ocasión en que ambos acudieron al estadio del Cerro para participar en un desafío que se desarrollaría esa noche, surgió la idea de que en las dos novenas jugaran los guerrilleros en una división que daría al juego mucha viveza.

Camilo, acariciando su amplia barba oía la proposición y mascaba fuertemente su tabaco, mientras exhalaba el humo con vigor. Cuando concluyeron de explicarle la idea, respondió como un rayo: “¿Que integre una novena contra Fidel? ¡Qué va! ¡Contra Fidel yo no estoy ni en juego!”

Ese día mientras Fidel ocupaba el montículo de los lanzadores, en la novena de Los Barbudos, Camilo le atrapaba sus líneas como receptor.

Fuentes: “El hombre de las mil anécdotas” de Guillermo Cabrera Álvarez / “Nota sobre Camilo Cienfuegos” de Jorge Masetti / “A Camilo…” Prólogo del libro “Guerra de Guerrillas” de Che Guevara

 

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