Por un mundo sin fronteras

Opinión por Marcos Dávila

Históricamente, los antiinmigrantes que golpean y asesinan gente en las calles, que buscan aterrorizar inmigrantes con sus armas y sus frases como: “EEUU es un país blanco”, “Mantengamos a EEUU blanco”, “Hagamos a EEUU blanco de nuevo”… algunos grandilocuentes (incluyendo los medios de comunicación masivos) se refieren a ellos como: “gente muy fina”, “vigilantes”, “supremacistas”, “minutemen”, “nacionalistas”… Estos conservadores, gánsteres racistas, abiertamente, conscientemente y sin ninguna consecuencia civil o legal, tratan de deshumanizar a todo lo que no sea blanco.

Para los conservadores reaccionarios, si los inmigrantes se mantienen en silencio y pasivos, entonces son “aguantables” (en otras palabras, presa fácil). Pero, una vez que los inmigrantes levantan el puño y exigen sus derechos, entonces se convierten en una “amenaza a la seguridad nacional”. Los reaccionarios-conservadores-blancos (portadores de privilegio de raza), les tienen miedo a los trabajadores inmigrantes, pero le temen más aún a los trabajadores inmigrantes organizados, a los que no se dejan, a los que luchan contra la injusticia, a los que ponen la frente en alto.

Si de hacer un bien a EEUU se trata, entonces, estos blancos reaccionarios deberían apuntar sus armas hacia el oportunista poderoso, quien intencionalmente polariza al pueblo estadounidense, de tal manera que un sector de la clase trabajadora culpa al trabajador inmigrante de los problemas creados por el oportunista poderoso.

Cuando el sentimiento antiinmigrante y la persecución hacia el que menos tiene se tornan intolerables, debemos nosotros incrementar la resistencia y luchar aún con más fuerza.

En el combate al odio no hay tregua.