¿Por qué Venezuela tiene dos presidentes?

Por Irina López

Jefa de Comunicaciones de Human Rights for Venezuela

@HRforVenezuela

54 países reconocen a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. 13 hacen lo propio con Nicolás Maduro. 85% de los venezolanos mayores de edad, apoyan al primero. 15% al segundo.  Un desvarío generador de roces diplomáticos e ideas polarizadas; el día a día que enfrenta la pequeña nación sudamericana. Singularidad que para ser interpretada con franqueza requiere que nos hagamos una pregunta sustancial: ¿qué entendemos por democracia?

Venezuela cuenta con una Constitución cuyo preámbulo habla de libertad, paz, bien común, el imperio de la ley; el derecho a la vida. Aunado a eso, en los últimos 20 años el país ha tenido 21 procesos electorales, desde elecciones presidenciales, regionales, parlamentarias, hasta referendos consultivos. Si nos detenemos aquí a mirar de reojo, podríamos afirmar que la República Bolivariana hace uso de dos de los grandes cimientos que erigen a la forma de organización social definida por Platón.

Mas si hacemos el esfuerzo de observar de cerca, ¿podríamos tildar de democrático un sistema de gobierno que no posee separación de poderes?, ¿que cuenta con un Consejo Nacional Electoral, Tribunal Supremo de Justicia y Fuerzas Armadas a su servicio?, ¿qué descarta el estado de derecho?, ¿qué apila 476 presos políticos en lo que va de año?

Disponer de una Carta Magna grandilocuente no es garantía de un gobierno representativo si este no la honra, ni obedece. Sufragar no es la seguridad de un nuevo horizonte.

Si algo hemos aprendido los venezolanos es que en nuestra patria la democracia muere al pie de la urna de votación.  La ciudadanía tiene el derecho de participar directamente en los comicios, mas no tiene la facultad de decidir.  Las condiciones establecidas para el voto por un Consejo Nacional Electoral nombrado de manera irregular por el poder que reprende y, los resultados del mismo casi nunca coinciden con la voluntad general. Por ende, ¿cómo pueden tener legitimidad esas consultas y los ganadores de esos cargos públicos?

El 20 de mayo de 2018 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales para el período 2019-2025.  Estas fueron convocadas por un órgano inexistente en la Constitución venezolana, la Asamblea Nacional Constituyente, un producto manufacturado a última hora por el chavismo-madurismo para invalidar, así nomás, a la Asamblea Nacional; única rama independiente.

Con 20 años de experiencia en derrotas, la población le exigió a los partidos contrarios al régimen no postularse para impedir que estos validasen un proceso que a leguas era ilegal.  La inmensa mayoría de los venezolanos cumplió su parte y no acudió a votar.  ¿El resultado?  El mismo: el Consejo Nacional Electoral declaró a Nicolás Maduro vencedor con más de 6 millones de votos, 68% de los mismos.

El 10 de enero del año en curso le correspondía al nuevo mandatario apersonarse y juramentarse en la Asamblea Nacional, como lo ha hecho en Venezuela todo presidente electo.  Sólo que el protocolo se convirtió en un obstáculo en los planes de un Jefe de Estado que no fue escogido por los habitantes de la nación que pretendía gobernar nuevamente.

Podría decirse que a Nicolás Maduro no le quedó otra que aventurase y tomar posesión del cargo en su otro ente aliado, el Tribunal Supremo de Justicia. Maniobra que le permitió colgarle un velo de legalidad a la usurpación de la presidencia de la república; hasta que todo el país pudo interpretar el artículo 233 de la Carta Magna. Disposición en la Norma Fundamental que establece que el presidente de la Asamblea Nacional, en este caso el parlamentario Juan Guaidó, debía asumir la primera magistratura:

«Serán faltas absolutas del presidente o presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; su incapacidad física o mental (…) el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato».

Ahora ¿por qué este artículo le es aplicado a Maduro si este no ha muerto, renunciado, no ha sido destituido, ni cumple el resto de las condiciones establecidas?:

  • Porque él no fue reelecto presidente; su título es inexistente.
  • Las elecciones realizadas el 20 de mayo de 2018 no fueron válidas.
  • La usurpación de cargo es inconstitucional.

Según uno de los apartados de esta disposición, el Presidente Encargado debe convocar a elecciones transcurridos 30 días de su proclamación, pero en un territorio secuestrado por una mafia política y militar que ha desdibujado los contornos de la separación de poderes, esto es imposible de materializar.  Por ello le atañe a la Asamblea Nacional la engorrosa tarea de hallar la forma de ajustar el artículo 233 a la situación actual.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, podemos afirmar que Venezuela no posee dos presidentes.  Cuenta con uno provisional, Juan Guaidó.  Un hombre que hasta hace poco era un desconocido en el ruedo político nacional y al que la historia le dio la responsabilidad de tratar de restaurar el orden constitucional, e intentar resolver de manera democrática la crisis más feroz en la historia contemporánea venezolana.