Peña Nieto tendrá una función central en quién será candidato del PRI

Por Javier LaFuente

Enrique Ochoa Reza (Morelia, 1972) acaba de cumplir un año como presidente del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI). Esta semana estará por primera vez al frente de la Asamblea Nacional del partido. La organización comienza así su camino rumbo a las elecciones de 2018, en las que se elegirán un nuevo Congreso, nueve gubernaturas y la presidencia de la República. El partido llega a este momento en horas bajas. En las elecciones intermedias de 2015 retuvieron la mayoría en la Cámara de Diputados. En 2016, sin embargo, la oposición se llevó 7 de 12 Estados en disputa. Este año, el PRI retuvo su bastión, el Estado de México y defiende su triunfo en Coahuila, una cerrada elección en la que los tribunales tendrán la última palabra. Ochoa, sin embargo, hace cuentas positivas y asegura que el partido se dirige a un triunfo el próximo julio a pesar de la baja popularidad del presidente Enrique Peña Nieto y de los escándalos de corrupción que han minado la credibilidad del partido.

Esta semana, miles de delegados del PRI decidirán si modifican los estatutos del partido para que un simpatizante, y no necesariamente un militante, pueda concurrir como candidato a las presidenciales y hacer frente a Andrés Manuel López Obrador, que el día de hoy es el aspirante a vencer.

Pregunta. ¿Cuál es el objetivo de esta asamblea?

Respuesta. Primero, actualizar nuestra plataforma para ofrecer la mejor propuesta para 2018 y recuperar la confianza mayoritaria. El segundo objetivo es actualizar nuestros documentos básicos, como la modificación sobre la paridad, la ley de partidos o la reelección. 

P. Elegirán 18.500 candidatos para el próximo año. Se ha hablado mucho de los candados. ¿Qué significaría quitar esos candados para poder ser candidato tras 10 años de militancia?

R. Yo creo que los años de militancia en un partido son convenientes. Lo que no se permite es aún la participación de candidaturas ciudadanas, como simpatizantes, a la presidencia. Hay grupos que han pedido que se cambie esto.

P. ¿A usted que le parece? ¿No choca con esa necesidad de pertenencia de la que habla?

R. Las dos alternativas de participación pueden convivir en un partido que tiene como objetivo acercarse a la ciudadanía. Los simpatizantes deberán cumplir el programa que acordamos si resultan electos.

La corrupción no es nueva en México, es de generaciones. Se acrecentó con 12 años de gobiernos panistas

P. Algunos miembros del partido han sido muy críticos. ¿Qué cree que no les gusta del PRI o la dirigencia?

R. Otro tema que han puesto sobre la mesa es que el mecanismo para elegir a los candidatos sea una consulta a la base, a los militantes o a los militantes y simpatizantes. Yo creo que es una buena idea. Pero también un partido necesita más mecanismos para elegir candidatos: la convención de delegados, las asambleas más amplias… Ningún partido en el mundo suscribe en los estatutos un solo mecanismo de elección de candidatos. Lo relevante es tener el menú abierto de opciones y utilizar lo que mejor convenga.

P. ¿Debe el presidente designar su sucesor?

R. El presidente va a tener una función central en quién será nuestro candidato.

P. ¿Está muerto el ‘dedazo’ en el PRI?

R. El presidente no será el único que tome esta resolución. La militancia participará en la elección.

P. El PRI ha perdido más de cuatro millones de votos en este sexenio. ¿Cuáles son los lastres del partido?

R. Hay lecciones positivas y experiencias negativas. Miremos 2015, el primer proceso de elección intermedia para la Cámara de diputados donde el partido del presidente, con sus aliados, logró una mayoría. Desde 1997 no había ocurrido. Vamos a 2016, que es la que genera esa percepción. Perdimos por vez primera en varios Estados, pero fuimos el partido más votado. En 2017 las encuestas en el Estado de México ponían al candidato del PRI en tercer lugar y terminó el primero. Si contamos el número de votos, también fuimos el partido que más obtuvo.

Necesitamos un partido unido, un candidato que responda a las expectativas de la ciudadanía y con trayectoria de honestidad y honorabilidad.