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No suelo crearme ilusiones
respecto a nada y mucho
menos invierto mi tiempo
en pintar pajaritos en el
aire en conexión al futuro.
Regularmente miro el porvenir con escepticismo,
aunque debo confesar que
algunas veces recreo en mi mente que
mis equipos de fútbol favoritos resultan
campeones: las selecciones de Estados
Unidos y Colombia, Santa Fe y Chicó
Boyacá.
La realidad que es cruel, como una escuálida
pitonisa esquizofrénica, me aterriza
cuando tengo esos desvaríos en
cuestión de segundos.
No obstante, le voy a apostar a que 2012
va a ser el año de los votantes latinos.
Lo hago pese a los desengaños con que
me acongojan los electores hispanos de
la ciudad donde vivo: Charlotte, Carolina
del Norte.
En las elecciones del martes 8 de
noviembre, de 13 mil ciudadanos latinos
habilitados para votar, escasamente 600
fueron a las urnas, o mejor dicho a las
máquinas electrónicas en las que se pulsan
digitalmente los votos.
Aún así, se me antoja que viviremos una
primavera electoral hispana en el ámbito
nacional, con unos resultados positivos
en noviembre del año entrante.
Mi esperanza es que la presión antiinmigrante
genere lo mismo que ocurrió en
Arizona con el expresidente del Senado
Estatal, Russell Pearce, al que los votantes
latinos desbancaron de su cargo,
como castigo a su sarta de leyes venales
contra los indocumentados.
Los políticos republicanos con olfato
ya entendieron la lección, y están comenzando
a recular de su intransigencia
en contra de los inmigrantes y ahora
les ha dado por la “compasión”.
El primero en lanzarse al viraje fue el
expresidente de la Cámara de Representantes,
Newt Gingrich, quien propuso
legalizar, sin vía a la ciudadanía,
a los indocumentados que tienen lazos
tangibles en el país.
Gingrich se expuso a que sus contendores
le dieran palo y contra lo previsto
va de primero en las encuestas.
Por cierto, que un estudio del Centro
Hispano Pew proyectó que dos terceras
partes de los indocumentados radicados
en Estados Unidos han vivido en territorio
estadounidense durante más de una
década y casi la mitad de estos tienen hijos
menores de edad, la mayoría nacidos
aquí y por ende ciudadanos americanos.
La suma del grupo de adultos sin papeles
afincado en el país superaría el
guarismo de seis millones de individuos.
Esa cifra, lo ocurrido en los comicios
de Arizona y encuestas como la de Univisión
y Latino Decisions, de principios
de noviembre, han hecho
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