|
Por Estela De Paola de Lerma
Cuenta la historia que en un remoto
pueblo de Colombia vivía un carpintero,
Carlos, que trabaja todo el día para ganarse
el sustento suficiente para mantener
a su familia. Era un muchacho
que irradiaba felicidad y alegría donde
él estaba. Su vecino, don Pedro, quien
era un comerciante muy acaudalado, ya
no aguantaba más los ruidos de las herramientas
que cada día eran más intensos.
Pedro tenía su casa al lado del taller
de Carlos. Entonces, don Pedro decidió
colocar un sobre con $900 con la esperanza
que el carpintero cuando viera esta
suma, iba a tomarse unas vacaciones.
Cuando Carlos vio este dinero, pensó
que alguien se lo había dejado para que
el produjera mas muebles. Entonces
dijo “...tomaré parte de este dinero para
comprar más herramientas para poder
trabajar más horas , y aumentar la producción...”
Y efectivamente, compro sus nuevas
herramientas, y su dinero se multiplicaba,
mas muebles, mejor calidad,
mas pedidos. Ganaba cientos de miles,
y quería más y mas. Con el correr del
tiempo, el carpintero se empezó a sentir
tensionado y presionado. Ya no disfrutaba
de su trabajo, ni escuchaba música
ni cantaba mientras trabajaba. Su ambición
empezó a crecer y crecer. Su rostro
mostraba tensionó, y no reflejaba esa
alegría de los tiempos en que no ganaba
tanto dinero. Su familia, aunque tenía
todo lo que ambicionaban, no podían
compartir tiempo con Carlos, quien no
se alejaba de su taller con el solo afán de
producir mas y mas. Ya Carlos no volvió
a ser el hombre feliz de otros tiempos,
ahora debía cuidar su dinero.
Esta historia es la de muchos de nosotros.
Trabajamos mucho tiempo para
ahorrar dinero, para cuando nos jubilemos,
o para cuando lo necesitemos. Invertimos
tantas horas en el trabajo, que
ya no tenemos tiempo para nosotros. Lo
justificamos con la excusa de que por
si nos encuentra inmigración, hay que
estar preparados, o por si nos enfermamos,
o para cuando los niños vayan a la
universidad, o para poner un negocio en
nuestros países de origen, y así la lista
es larga.
En realidad, ni sabemos porque lo hacemos.
No tenemos un objetivo preciso,
todo es por si acaso, por si sucede. Y
mientras tanto se nos pasa la vida,
la juventud, la familia, y entregamos
nuestros anos a excesivas horas de trabajo.
Ni hablar del daño físico que se
refleja en
...
|