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Maribel Hastings American Voice
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Ahora que la indignación ha
cobrado atención nacional y
mundial con las manifestaciones
a través del país, debería
haber espacio para indignarse
por el maltrato a la
comunidad inmigrante de Alabama con la
HB 56 y por la insensatez de quienes creen
que la ley sólo perjudica a indocumentados
y no a ciudadanos, a la economía y potencialmente
la salud pública.
La indignación está en voces como la de
Jasmine Reyes, nacida en Nueva York y
de origen puertorriqueño. Lleva once años
en Birmingham y ve los efectos de la HB
56 en la clínica comunitaria donde dirige
proyectos especiales.
“Los inmigrantes tienen miedo a venir.
Creé un proyecto donde llevamos la unidad
móvil a que vayan a ponerle los ‘flu
shots’. Fuimos a una comunidad, un ‘trailer
park’, donde no habían salido por una
semana y encontramos a niños enfermos y
gente enferma. Servimos a más de 50 personas”,
indicó Reyes.
Cuando la ley entró en vigor, “vinieron
como 20 padres a buscar los récords
(médicos) de los niños porque se iban al
otro día”. “Les dijimos que no se fueran,
que nos van a ayudar, ¿cómo nos van a dejar
solos aquí?”, preguntó. “Soy ciudadana
pero tengo pasión por la gente. Todos tenemos
derechos. La Constitución dice ‘We
the People’, somos gente”, indicó Reyes
quien ha firmado poderes notariales como
guardián legal de nueve niños si los padres
son detenidos o deportados.
¿Tienen niños que dejar de recibir atención
médica porque sus padres temen
que los detengan? ¿Tener a decenas de
personas en una comunidad sin atención
médica no es invocar brotes que pongan
en riesgo la salud del resto?
Para el gobernador de Alabama, Robert
Bentley, quien irónicamente es doctor, las
denuncias de los efectos de la HB 56 son
“anecdóticas”, pero la Associated Press
citó a Jim McVay, portavoz del Secretario
de Salud de Alabama, diciendo que “no
quiero extender el miedo, pero siempre
que una persona teme recibir atención
médica hay complicaciones potenciales”.
Visité la clínica comunitaria donde labora
Reyes y lo que vi no es anecdótico. Salas
que siempre estaban llenas de gente
buscando asistencia médica estaban casi
vacías.
La indignación está en Ashley, estadounidense
oriunda de Alabama y casada con
un indocumentado que llegó a Estados
Unidos cuando tenía 15 años y ahora tiene
22. Tienen un hijo. Ambos trabajan y pagan
impuestos.
Como para legalizarse el joven tiene que ir
a Ciudad Juárez
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