|
|
|
|
|
Jorge Mújica Murias mexicodelnorte@yahoo.com.mx
|
|
No es culpa nuestra, sino
del calendario. El 11 de
septiembre, cuando todo el
mundo en Estados Unidos
debía supuestamente haber
estado guardando luto y recordando los
muertos de hace diez as en las Torres
Gemelas, los mexicanos andaban
desfilando alegremente por las calles en
todo México del Norte.
Cayó en domingo, el domingo previo a la
noche del Grito de Independencia y pues
ni modo, había que celebrar. Pero las
celebraciones no solamente ocurrieron
acá en el norte, sino también en el sur.
Culpa del calendario otra vez, pero
sucede que desde marzo de este año la
Cámara de Diputados aprobó que en
México el 11 de septiembre fuera fecha
de fiesta nacional. El acuerdo agregó
la fecha a la Ley sobre el Escudo, la
Bandera y el Himno Nacionales, porque
ese día el ejército nacional le puso en la
torre a los españoles que trataban de reinvadir
México a ocho años de firmada la
Independencia.
A los exdueños del país se les ocurrió
que la habían regado y patrocinaron a un
grupo de aventureros que invadieron el
puerto de Tampico y a los dueños reales
del país no les quedó más remedio que
recordarles la Madre Patria.
Curiosamente, no se dedica el día al
general que dirigió a los mexicanos a esa
victoria, como se hace con Zaragoza el 5
de Mayo, a la mejor porque era un cuate
veracruzano de nombre Antonio López
de Santa Anna, que unos añitos más
tarde vendió la mitad del territorio a los
gringos y ni se lo pagaron. La victoria se
le atribuye a Vicente Guerrero, entonces
presidente del país. Curiosamente,
también el 11 de Septiembre pero de
1855 fue cuando Santa Anna fue corrido
definitivamente del país.
Recordando a todos
Pero si de recordar víctimas se trata, el 11
de Septiembre, habría que acordarse de
todos, no nomás de algunos.
Para empezar, de los 40 inmigrantes
indocumentados que las autoridades de
Nueva York, entre ellas la alcaldía y la
policía, descontaron de la cifra oficial de
fallecidos en las Torres Gemelas con el
ridículo argumento de que “no se pudo
demostrar su existencia”. No es que no
se hayan encontrado sus cuerpos sino
que se declaró que no se podía demostrar
que vivieron porque no tenían papeles
oficiales, requisito indispensable para
poder reconocer que habían muerto.
Es como haber dicho que los meseros
y cocineros y demás trabajadores de
las Torres
...
|