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Opinión
Publicado el 09-12-2011

Yo no culpo a Calderón

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Carlos Eduardo Díaz


El ataque al casino en
Monterrey no fue la gota que
derramó el vaso. El vaso se
derramó hace mucho tiempo.
Este hecho ha sobrepasado
incluso al crimen organizado.
No es desproporcionado hablar ya de
terrorismo. Jamás en la historia de nuestro
país un ataque había dejado tantos muertos;
jamás se había realizado un atentado contra
la población en general con tanta saña.
Nuestro vaso está plenamente desbordado,
al igual que el Estado Mexicano. A estas
alturas es torpe, ocioso y estúpido señalar a
un único culpable. Pero en México señalar
a otros y lavarse las manos es el pasatiempo
nacional. “Calderón, asesino”. “Muera el
espurio”. “Gobierno represor, cobarde,
inútil”. “Tenemos un borracho en Los
Pinos”. “Que el presidente legítimo asuma el
control ya”.
Todas estas frases, vacías por naturaleza,
poseen cierta lógica: muestran el miedo,
la impotencia, la ignorancia, el asumirse
inocentes y culpar a otro, quien sea, de
nuestros males. Como si decapitando al
presidente Calderón nuestro país se llenara
de colores. Como si él fuera la gran bruja
que mantiene un perverso hechizo sobre
todos los pobladores, o como si fuera él,
personalmente él, quien dispara, secuestra,
viola, asesina, decapita, incendia, envenena.
Yo no culpo a Calderón. Es el presidente, y
siempre tendrá responsabilidad. Tal vez la
mayor responsabilidad en todo esto. Pero
yo no lo culpo a él. Él tiene cinco años en la
Presidencia, pero los mexicanos tenemos
más de 200 años de ser como somos: de estar
empeñados en destruirnos mutuamente.
La independencia fue una guerra entre
iguales: criollos y peninsulares. ¿Cuál era la
diferencia sustancial entre ellos? Ninguna
en realidad. Uno nacidos en España, otros,
españoles nacidos en estas tierras. La
revolución es un ejemplo más: mexicanos
contra mexicanos, títeres todos de algunos
caciques que tanto anhelaban el poder
que se lo arrebataban a balazos. Lo mismo
sucedió en la guerra de Reforma, y con el
movimiento cristero, y con la guerra sucia, y
con tantos y lamentables pasajes de nuestra
historia... hasta hoy, cuando, de nueva
cuenta, los mexicanos, de la manera más
estúpida y sin sentido, nos asesinamos los
unos a los otros sin otro motivo más que por
nuestra estupidez genética.
Calderón tiene responsabilidad, y su guerra
carece de resultados y de estrategias. Pero
no podía quedarse con los brazos cruzados
viendo cómo los cárteles despedazaban el
país para repartirse o arrebatarse los pedazos.
Yo no culpo a Calderón. Nos culpo ...
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