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7 de junio 2006, los Minnesota Twins se encontraban jugando un béisbol que daba tristeza, lejos de la espectacularidad y las expectativas que se habían generado a su alrededor al inicio de la temporada. 25 ganados y 33 perdidos era la marca que reflejaban en los “standings” de la Liga Americana a 11 juegos y medio de Detroit.
Con poca producción a la ofensiva, sin una base sólida de lanzadores abridores, en la cual, hasta el mismo Johan Santana jugaba por debajo de su nivel y sin esa “chispa” que necesitan los equipos ganadores para tener la presencia necesaria y ser protagonistas en las Grandes Ligas; los Twins solamente aportaban mediocridad beisbolistica. Para sorpresa de todo el mundo, los Detroit Tigers habían despuntado en la División Central de la Americana y dominaban a placer, gracias a la notable mejoría que había puesto en el club su nuevo manager Jim Leyland. Los Chicago White Sox todavía sufrían de “campeonitis” -una enfermedad crónica que sufren los equipos que ganan la máxima cúspide después de un largo periodo de tiempo (más de 80 años sin ganar una Serie Mundial) y navegaban atrás de Detroit siendo una posible amenaza en meses posteriores. Los Cleveland Indians se disfrazaron de equipo contendiente y ese disfraz solamente les duró unos cuantos meses porque nunca dieron el famoso “estirón”. Por su parte, los Kansas City Royals simplemente siguieron demostrando que son el peor equipo en las Mayores. Con esa notoria competición, el manager Gardenhire decidió cambiarle el rumbo a los Twins, tratando de llenarlos de inspiración para mejorar una situación bastante difícil por la cual atravesaban a principios de junio.
8 de junio, 2006, los Twins comenzaron la ruta hacia uno de los regresos históricos más importantes en la historia del deporte profesional en Minnesota, y quizá
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