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Tuvieron que pasar casi veinte años para que los Twins pudieran tener un bateador con más de 30 cuandrangulares en una temporada. Siendo una estadística que es simplemente para recordarnos que los bateadores de poder han estado ausentes en Minnesota por dos décadas, también nos señala que tal vez tras la partida de David Ortiz a Boston, la única esperanza que tenían los Twins, estaba depositada en el joven canadiense Justin Morneau para convertirse en el hombre que pudiera hacer volar a la pelota al otro lado de la barda.
Con una labor bastante discreta a principios de temporada, muchos pensábamos que Justin solamente tendría otro año de aprendizaje en las grandes ligas, sin embargo, “el gigante rubio” empezó a disparar home runs a placer, se volvió incontenible, y no solamente ha masacrado a la pelota con furia, sino que tambien ha conectado constantemente de imparables produciendo carreras.
Morneau estuvo a punto de irse a Rochester por un rato, para que aprendiera en las sucursales que la cuestión de su notable poco desempeño se encontraba en su entorno mental. Cuando supo que las oportunidades se le estaban agotando, no necesito irse con la pena a cuestas a jugar a otro nivel mas abajo, sino que aprendió que la fuerza física debe ir acompañada con la fuerza mental; cambiando de actitud completamente. El manager Gardenhire lo había casi sentenciado para que se fuera a refrescar las ideas en la categoría triple A, cuando Justin bateaba para un miserable .235 de porcentaje, muy lejos de la expectativa que se tenia de el. Fue en ese momento cuando Morneau supo que tenia que mejorar o su carrera en las grandes ligas podría ser interrumpida por falta de concentración. La mejoría empezó a cuesta arriba desde el mes de Mayo y desde entonces
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