Mundos imaginarios

Medias medias (parte 3)

¿Has notado la celeridad con la que se desaparecen las pantallas (aretes) últimamente? Ya van dos desaparecidas en menos de dos meses. Distintas claro está, cada una de un par, una de ellas era única e irremplazable, pertenecía a mi abuela. ¿Se habrá ido a encontrar con otra impar? La que se perdió también era de mis favoritas. Artística y práctica a la vez. Además, ambas se perdieron de la misma forma, en dos viajes distintos. Culpa de la maldita ropa de invierno que tanto nos gusta acá en el trópico. La verdad ahora que lo pienso se le puede echar la culpa al frio de casi todo, hasta de las pantallas perdidas. No, culpa mía que no aprendo de mis descuidos. Es más fácil echarle la culpa a los objetos o las circunstancias.

El la miraba sin saber que decir. De vez en cuando soltaba una medio sonrisa simpática o empática, ¿o solo cortes? No era el tipo de solo sonreír por cortesía. Creo que es una señal, continúo diciendo ella como si hablara sola. Una señal de qué, preguntó él, rompiendo finalmente su silencio. De algo que esta por suceder, como una serie de temblores antes de un gran terremoto. ¿Una señal de que algo malo va a pasar? Pregunto él, sin salir de su confusión. No necesariamente, solo algo, como uno se para al filo de algo, ese momento justo antes de que todo cambie para siempre, continuaba ella hablando mirando hacia el horizonte como si pensara en voz alta.

Canto’ e loca, no será señal de que eres cada vez más descuidada, se te olvidan las cosas más rápido, ¿de que estas más vieja? Dijo el soltando una carcajada, como si se diera cuenta de la broma en la que andaba envuelto. ¿Loca? Contestó ella mirándolo con sorpresa. Loca estaba cuando te conté la primera vez que las pantallas y las medias se fugaban a encontrarse con sus almas gemelas en un mundo fantástico, y en ese momento no protestaste. Quizás el que se está poniendo viejo eres tú.”

A veces invento conversaciones imaginarias con personas reales. A veces invento mundos imaginarios para los objetos perdidos. Seguro estarán en lugares menos fantásticos, aunque quizás no. Tengo una amiga que dice que la realidad supera siempre por mucho la ficción. Las historias reales son mucho más inverosímiles que cualquier pieza de ficción que alguien pueda imaginar. ¿Y si una de mis pantallas se cayó en aquella góndola que transporta a los visitantes en el parque de esquiar? ¿La imaginan ahí debajo del asiento, completamente desapercibida? Escuchando las conversaciones de los turistas que llegan de todas partes del mundo. Escuchando una variedad de idiomas que colgadas de mis orejas nunca hubieran escuchado. Mirando las estaciones pasar en el medio de aquella montaña, a 8,000 pies de altura. Viendo la nieve derretirse poco a poco y el paisaje transformarse de blanco a verde, el agua caer nuevamente por sus cascadas. Tal vez el mundo real en el que ahora habitan es más maravilloso que el país que les he inventado. Y aquí voy nuevamente inventando mundos imaginarios que pudieran ser reales.

Hace unos días escuche en un podcast que las personas pasamos en promedio aproximadamente 40% del tiempo perdidos en nuestros pensamientos. La vida al final se nos pasa rapidísimo, se nos hace corta. ¡Si pasamos casi la mitad de nuestras vidas perdidos en nuestra mente quiere decir que vivimos casi la mitad del tiempo! Por lo menos gran parte de nuestra vida adulta. Los niños tienen la capacidad de vivir en el presente con mucha más facilidad, a pesar de pasar tanto tiempo jugando e imaginando. Cuando juegan están 100% presentes, con su mente y cuerpo en el juego. No están pensando si tendrán que hacer la tarea luego o a que hora se van a dormir o que les espera para cenar. ¡Juegan como si ese momento y lugar fuera lo único que existiera en el universo, por eso es tan difícil a veces sacarlos de ese estado! Los adultos perdemos esa capacidad. Cuarenta por ciento quiere decir que, si estás despierto 12 horas al día, 4 horas de estas no eres consciente de lo que está pasando, ¡no estás viviendo realmente! No es sorprendente que muchas personas busquen métodos para desconectarse de su mente y estar más presentes. La meditación ha probado ser muy efectiva en reducir los niveles de estrés, entre otros beneficios. ¡Pero no podemos estar meditando todo el día! Sería lo mismo. Si bien la meditación nos ayuda a calmar la mente y volver al presente, creo que la solución reside no tanto en tratar de no estar en la mente sino en estar más presente en el cuerpo. Mas conectados con nuestros sentidos, mirar con detenimiento, escuchar con atención, oler y saborear profundamente.

Soñemos presentemente. A veces soñamos con cosas que tenemos que hacer durante el día, las listas de pendientes nos atacan como aviones de guerra en el sueño, luego durante el día no las pasamos soñando despiertos. Soñar es bueno, imaginar es importante, todo en su momento. Soñemos profundamente de noche y vivamos nuestra vida de día, que este mundo esta repleto de cosas fantásticas por descubrir si nos mantenemos atentos.

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