Mujeres líderes en el siglo veintiuno

¿Dónde están?

Por Megan Strom

meg_strom@hotmail.com

Bien se sabe que las mujeres seguimos sufriendo de discriminación que tiene un sinfín de realizaciones y, de la misma forma, repercusiones en nuestras vidas. Una de las formas más comentadas y a la misma vez muy poca entendida es la discriminación laboral que enfrentan las mujeres a través del mundo en toda clase de cargo laboral. No es que no se sepa que las mujeres ganamos menos en comparación con nuestros colegas masculinos; además, estamos conscientes de que son muy pocas las mujeres que ocupan cargos administrativos en las empresas más grandes a nivel mundial. Observar los debates presidenciales en este país es suficiente para que notemos la falta de las mujeres en la política. Pero lo que no se sabía a ciencia exacta hasta hace poco era: ¿Por qué?

Algunas suposiciones que tiene la gente es que las mujeres son menos capaces y menos ambiciosas que los hombres, y por eso nunca consiguen los mejores puestos. La primera suposición es errónea, ya que sabemos que hay y ha habido mujeres exitosas en el mundo de las empresas y la política, por ejemplo Ursula Burns, directora ejecutiva de la compañía estadounidense Xerox; Sonia Sotomayor, jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos; Michelle Bachelet, actual presidenta de Chile y Angela Merkel, actual presidenta de Alemania.

Entonces, ¿es el problema la falta de ambición por parte de las mujeres? ¿Es que simplemente no desean alcanzar los mejores puestos, o que no están dispuestas a esforzarse para llegar lejos en el mundo laboral? Michelle Ryan, profesora de psicología en Inglaterra dice que la respuesta es un no rotundo. Las mujeres no deciden ser menos ambiciosas. En cambio, están forzadas a ser menos ambiciosas por las condiciones en el trabajo que favorecen a los hombres (The Guardian, 19 noviembre 2015).

La profesora encontró que los dos elementos necesarios para avanzar en el mundo laboral son consejeros que trabajan en el mismo negocio, pero que generalmente ocupan cargos más altos, que estén dispuestos a hablar a favor de la candidata y darle consejos sobre cómo ser exitosa en la empresa. El segundo elemento necesario para llegar a la cima de una empresa son las modelos a seguir; es decir, las mujeres que ya han tenido éxito en sus carreras cuya trayectoria pueden seguir otras mujeres.

Esta fórmula al éxito no parece nada complicada, entonces ¿por qué tan solo el 25 por ciento de gente que gana más en el mundo son mujeres? Michelle Ryan asevera que tanto las mujeres como los hombres comienzan sus carreras con las mismas ambiciones de llegar a los peldaños más altos de sus empresas. Sin embargo, a la hora de buscar un ascenso de puesto, las mujeres tienen que esforzarse más para encontrar consejeros, que son una parte fundamental del éxito en el mundo de los negocios. Los datos del estudio de la psicóloga indican que al gastar toda su energía en la búsqueda de alguien que las apoye, no les queda más para dedicarse a hacer otra cosa en el trabajo. Por otro lado, parece que a los hombres les cuesta muy poco esfuerzo encontrar a consejeros, entonces pueden dedicar sus esfuerzos a destacarse más en el trabajo, correspondiendo a mejores resultados a la hora de realizarse las promociones.

En pocas palabras, el sistema laboral es lo que hace que sea casi imposible que las mujeres alcancen los mejores puestos en una empresa. Lo mismo se podría decir del mundo político y otros ámbitos laborales. De por sí, este sistema es problemático, y es algo que se debe cambiar inmediatamente, pero preocupa que tenga otras repercusiones inesperadas.

El otro problema es el círculo vicioso que resulta de ver a tan pocas mujeres en puestos administrativos a través del mundo. El público fácilmente se podría convencer de que esta ausencia se debe a que las mujeres no son capaces de este tipo de trabajo o que son menos ambiciosas que los hombres y, por lo mismo, no merecen ocupar puestos administrativos. La periodista Jane Dudman (The Guardian, 10 marzo 2014) ya ha notado que estas falsas creencias, o mitos, además del sistema laboral que inherentemente discrimina contra la mujer, hace que sea prácticamente imposible que las mujeres alcancen los mismos niveles laborales que sus contrapartes masculinos. Entre los mitos que más fuertemente impiden el éxito de la mujer en el mundo laboral se encuentran los siguientes:

  • El mercado laboral es justo; son las mujeres quienes no quieren puestos administrativos
  • Las mujeres que logran los puestos más altos son listas e inteligentes; las que no alcanzan estos puestos no se están esforzando lo suficiente
  • La discriminación laboral solamente afecta a las mujeres blancas adineradas de la clase media
  • No importa si no hay mujeres con cargos administrativos (Dudman, The Guardian, 10 marzo 2014)

Estas creencias son erróneas, pero a la misma vez persistentes y duraderas, convenciéndonos que las mujeres simplemente no son aptas para ser líderes. En cuanto al mercado laboral, Dudman nota que estamos predispuestos a contratar a la gente que más se parece a nosotros. Si “nosotros” somos hombres, como ocurre en la mayoría de las mesas directivas, lo más probable es que contratemos a otros hombres para cargos administrativos. De igual manera, tenemos que tener en mente que la discriminación contra la mujer en el trabajo ocurre en todo tipo de organización, sin importar la etnicidad. De ser así, es algo que nos afecta a todas.

Animemos a nuestras hijas, hermanas, amigas, y todas las mujeres en nuestras vidas a mantener esa ambición y motivación para ser líderes en el futuro.