Miembro del SEIU Local 26 es recordado por su humor y trabajo duro

Leo Escobar era conocido por socializar y gastar bromas en la iglesia, donde conoció a su esposa.

 

Por: Sahan Journal

 

Leo Escobar, trabajador de restaurante, conserje e inmigrante de El Salvador, falleció este otoño a la edad de 56 años tras enfermar de COVID-19. Divertido y trabajador, Escobar será recordado como un hombre dedicado a su mujer y sus tres hijos.

 

A una edad temprana, Escobar perdió a su padre y a sus dos hermanos en la Guerra Civil salvadoreña. Su madre también falleció cuando él tenía 9 años. Mientras la llevaban al hospital, ella le dijo a Escobar que sería su responsabilidad cuidar de sus tres hermanos menores, dijo su esposa, María Ibarra. A pesar de su edad y las circunstancias, Escobar se las arregló para cuidar de su familia como peón agrícola y trabajador de una fábrica. Tuvo dos hijos propios antes de embarcarse en un viaje a Estados Unidos a los 25 años, dijo Ibarra. 

 

Escobar llegó primero a Nueva York, donde pasó la mayor parte de su vida trabajando dos turnos al día para mantener a su familia. Trabajando incansablemente como camarero, en cocinas y como conserje, Escobar acabó reuniendo el dinero suficiente para traer a dos de sus hermanos a reunirse con él en Estados Unidos.

 

 “A pesar de su difícil infancia y de haber quedado huérfano a una edad temprana, nunca dejó de preocuparse por los que le rodeaban”, dijo Ibarra.

 

La principal ocupación de Escobar en Minnesota fue en la Park Nicollet Clinic de Minneapolis, donde trabajó como conserje. Era miembro del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios Local 26, cuya campaña “Justicia para los Conserjes” organizó a más de 4.500 conserjes en el área de las Ciudades Gemelas.

 

En Minnesota, Escobar se convirtió en un cristiano devoto, pasando gran parte de su tiempo riendo y socializando en la iglesia, donde conoció a su esposa. María dice que, sabiendo que estaba soltera, Escobar le hablaba a menudo, haciéndola reír siempre. Bromeaba con que algún día se casarían. 

 

Un día, recuerda Ibarra, su madre llamó a Escobar: “Si vas a hacer bromas sobre casarte con mi hija, ¿por qué no das el paso?”. Escobar respondió: “¿Estás bromeando? ¿De verdad me quieres como yerno?”. 

 

Finalmente, las bromas se volvieron serias, y Escobar llevó a Ibarra a cenar. Un mes después, se casaron.

 

Siempre bromista, Escobar se hacía innumerables fotos a sí mismo y a otras personas que conocía en la iglesia, sin tener en cuenta cualquier preocupación por pedir a la gente que saliera en sus fotos, recuerda Ibarra. Cantaba elaboradas canciones para su perro y los dos gatos de María, haciendo un gran espectáculo de su actuación. 

 

A Leo Escobar le sobreviven sus numerosos hermanos, sus tres hijos, Antonio, Edgar y Jordan Escobar, y su esposa, María Castillo Ibarra.