México del Norte

Jorge Mújica Murias

jmujicam@gmail.com

 

Carne de Cañón

 

Si alguien sigue un poco de cerca los eventos de eso que se apoda “ reforma migatoria”, se habrá dado cuenta la última semana de la relación entre los inmigrantes y un día festivo que se celebra el próximo lunes, día para recordar a los soldados estadounidenses caídos en alguna de todas las guerras a la que Estados Unidos los mandó a matar y morir.

Los evento de la semana pasada tienen que ver con eso, con irse a morir en algún otro país en nombre de eso otro que Estados Unidos llama “la libertad”. Sucede que se discutió el presupuesto militar en el Congreso, y los Demócratas y Republicanos se agarraron de la greña por un proyecto de ley llamado ENLIST, que los primero querían meter como parte del presupuesto y los segundos rechazaron.

Por obviedad, esa movida fue solamente parte del circo electorero que pone a los inmigrantes en la pista principal, como payasitos, y cuyo único fin es ganar votos o hacérselos perder al otro partido.

La ENLIST es una propuesta Demócrata, presentada el año pasado en el Congreso, que permitiría a los inmigrantes indocumentados enlistarse en el ejército y les daría más que legalización, la ciudadanía. La propuso el congresista Demócrata Jeff Denham, y su nombre completo el Ley para Animar a los Nuevos Inmigrantes a Iniciar Entrenamiento. Independientemente del nombre, la ENACT es el paso siguiente para los jóvenes que usaron DACA, la Acción Diferida para Menores de Edad.

En otras palabras, a los jóvenes que entraron al país como indocumentados antes de cumplir 15 años les dieron DACA, un estatus de dos años como semi-residentes en los que no los deportan. Después de los dos años, nadie sabe que pasa. Los primeros que pidieron DACA enfrentan ahora la posibilidad de renovar el estatus o de que se les termine, a voluntad de la administración de Barack Obama.

Para ellos es la ENLIST: si le entran al ejército, los podrían hacer ciudadanos.

 

Veteranos Deportados

 

Claro que ser ciudadano estos días en Estados unidos no cuenta para mucho. Varias leyes y prácticas, empezando con la Patriot Act y siguiendo con las autorizaciones de Obama para matar incluso ciudadanos si se consideran “amenazas a la seguridad nacional”. Y peor para los ciudadanos naturalizados, claro, a los que se les puede retirar la ciudadanía.

Y estar o haber estado en el Ejército tampoco les garantiza nada.

Hector Barrios murió en Tijuana, México, el 21 de abril. Sobre su ataúd fue colocada la insignia de su unidad de combate, la Primera División de Caballería. Barrios era un veterano del ejército gringo, pero para él no hubo la tradicional entrega de una bandera estadounidense con la frase “De parte de una nación agradecida”.

Si la hubiera habido, hubiera sido el colmo, porque Héctor fue deportado a México con base en los cambios a las leyes de inmigración de 1996, la era de Bill Clinton.

No ha sido el único veterano deportado. Su tocayo Héctor Barajas dice que por lo menos hay 3 mil, y que pueden ser hasta 30 mil, los veteranos del ejército estadounidense que han sido deportados bajo el programa de “extranjeros criminales” de Barack Obama. Cualquier inmigrante con antecedentes penales, aunque tenga medallas, puede ser deportado, aunque los “crímenes” se hayan cometido antes de 1996.

Barajas dirige la organización “Veteranos Exilados”, y tiene un albergue nombrado el Bunker, El Refugio, donde los veteranos deportados obtienen ayuda por 30 días mientras se ubican en México. Y de nuevo, los mexicanos no son los únicos. Barajas dice que tienen contacto con veteranos deportados de 19 países del mundo.

La iniciativa de ley ENACT no resolvería eso tampoco. La ciudadanía solamente se otorgaría si el soldado es dado de baja del Ejército con honores. De otra manera, si no se completa el servicio (de 4 a 8 años), si se da de baja antes de tiempo, si deserta, no hay ciudadanía.

La ENACT es solamente una ley para reclutar inmigrantes jóvenes y pobres, para que vayan a matar jóvenes pobres en otros países y punto. Las organizaciones que hoy la promueven debían tener un poco de vergüenza. Y el senador Dick Durbin y el congresista Luis Gutiérrez debían tener también un poco de vergüenza y no hacer actos público de apoyo a la propuesta, cuyos fines son exclusivamente electorales.

 

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