México del Norte

Jorge Mújica Murias

Dos de a Cien

Hace exactamente 100 años, el 5 de febrero de 1917, México promulgó su Constitución. El documento fue el escrito político más avanzado de la época en materia de políticas públicas, porque era producto de una revolución. Aunque había sectores de todo tipo en el Congreso Constituyente, las fuerzas campesinas y obreras superaban a las patronales y reaccionarias. Sin que haya perdido todo su mérito, la actual Constitución es horripilante comparada con aquella.

Pero por coincidencia, éste mismo día se conmemora otro centenario, el de la Ley de Inmigración de 1917 en Estados Unidos. Y a las dos semanas del incipiente reinado de Donald El Trompas Trump en este país, si no el articulado, el espíritu de esta ley parece estar más en vigor que nunca. La Ley de Inmigración de 1917 se conoce popularmente como la “Ley del Alfabetismo”, y también como la “Ley de la Zona Asiática Prohibida”.

La historia va más o menos así: Desde finales del siglo anterior, en 1895, varios grupos de nativistas habían tratado de impedir la entrada de algunos inmigrantes a Estados Unidos. Trataron de imponer que los inmigrantes tuvieran algún grado de educación (igual que ahora con las visas para técnicos extranjeros), pero nunca lo lograron. Trataron en 1895, 1897, 1901 1903 y 1915 y nunca vieron la suya. El último intento fallido tuvo lugar en 1916, cuando el presidente Woodrow Wilson vetó la ley aprobada por el Congreso.

Pero la revancha vino en 1917. El 5 de Febrero de 1917, mientras México aprobaba su Constitución, el Congreso Gringo aprobaba por supermayoría, a prueba de veto presidencial, la Ley de Inmigración. La ley estableció y amplió una lista de “indeseables” para prohibirles la entrada a Estados Unidos. Entre otros, “alcohólicos”, “anarquistas”, “trabajadores bajo contrato”, “criminales y convictos”, “epilépticos”, “personas con debilidades mentales”, “idiotas”, “analfabetas”, “imbéciles”, “dementes”, “pordioseros”, “personas afligidas por enfermedades contagiosas”, “personas con defectos físicos y mentales”, “personas con inferioridades psicopáticas”, “radicales políticos”, “polígamos”, “prostitutas” y “vagos”.

De pilón, establecía la Zona Asiática Prohibida, un área que cubría la mitad del continente asiático y la mayoría de los países árabes. Por décadas, en Estados Unidos se había hablado del “Peligro Amarillo”, el supuesto peligro que los asiáticos presentaban para la sociedad blanca. Se les restringió la entrada a California y después a todo el país, se les negó la ciudadanía estadounidense, se prohibió la entrada de las mujeres chinas para que no hubiera familias y parejas que tuvieran hijos, y con Japón se firmó un acuerdo regulando las cantidades de inmigrantes de ese país.

Peligrosos pero Chambeadores

La Zona Asiática Prohibida cambiaba el color del “peligro”. Una vez eliminado el peligro amarillo, el nuevo peligro era moreno.

Muy parecida a la orden ejecutiva de Donald El Trompas Trump, la Zona Prohibida era completamente arbitraria, definida por latitudes y longitudes geográficas sin tener en cuenta fronteras, países, características nacionales o étnicas, y básicamente le impedía la entrada a la mayoría de personas de Asia y las islas del pacífico. En la Zona estaban incluidos Afganistán, toda la península árabe, la porción asiática de Rusia, India, Malasia, Burma y la Polinesia.

Pero ni Japón ni Filipinas quedaban en la zona. Con Japón ya estaba definido quiénes y cuántos podían inmigrar, y los filipinos eran la nueva fuerza de trabajo barata de la caña de azúcar en Hawai. Al contrario, se les impuso una tarifa de inmigración de 8 dólares por cabeza.

Pero las demandas legales en contra de la ley, igual que ahora contra la acción ejecutiva del Trompas, y la guerra mundial, mandaron la Ley por la coladera. Los patrones de los estados sureños la desafiaron en corte, por su necesidad de mano de obra inmigrante, para reemplazar a los soldados que se iban a Europa. La Ley se reformó unos meses después para facilitar la entrada de trabajadores mexicanos, especialmente para la agricultura y después los mineros y trabajadores del ferrocarril.

Cien años después, nada nuevo bajo el sol. Las exclusiones contra los chinos se eliminaron en 1943, y en 1946 las de los demás asiáticos. Otras provisiones se eliminaron en 1952 y la última que quedaba, la prohibición a los homosexuales, se eliminó en 1990.

Pero la orden ejecutiva del Trompas revive una categoría: la de los “peligrosos”. No dice anarquistas ni radicales, pero dice que nadie podría inmigrar si hay razones de “seguridad nacional”, lo cual puede ser cualquier cosa, incluyendo tener “memes” contra el Trompas en el celular o en Facebook. Tarde o temprano esa parte también caerá, por oponerse a la simple libertad de expresión.