México del Norte

Jorge Mújica Murias
mexicodelnorte@yahoo.com.mx

La Amenaza al Santuario

Una de las tareas, según dice, del ahora ya oficialmente nombrado presidente Donald El Trompas Trump, es eliminar las ciudades que se denominan “santuario”. Nomás que como muchas otras de sus exageraciones de campaña, parece que nomás no va a poder cumplirla.

“Santuario” es un término genérico, que quiere decir muchas cosas. Por lo menos 37 ciudades son “santuario” desde hace rato, y desde que El Trompas asombró al mundo con su victoria electoral, otra media docena de ciudades han decidido o están a punto de hacerse “santuario”, entre ellas Evanston y Urbana en Illinois, Northfield en Minnesota, Pittsburgh, Santa Ana en California y Burlington, Montpelier y Winooski en Vermont.

Más aún, Austin en Texas, Chicago y Los Ángeles están yendo un paso más allá, y decidieron poner su cartera donde abren la boca, es decir, ponerle lana directamente a la defensa de sus inmigrantes. Chicago va a poner un millón 300 mil dólares para defensa legal, Austin alrededor de un millón, y Los Ángeles diez millones para defensa legal. Es decir, lejos de intimidarse, las ciudades aumentan su resistencia y sus acciones se miran con buenos ojos. En Chicago solamente dos regidores (de 50), votaron en contra del dinero, de dos distritos con 42 y 35 por ciento de votos en favor del Trompas. Se calcula que por aquí hay 150 mil inmigrantes sin papeles.

A la mejor la amenaza del Trompas, de quitarle todos los fondos federales a las ciudades “santuario” no espanta mucho porque no es realista, o si lo es, es muy limitada. Si se pone serio, El Trompas podría quitarle a las ciudades los fondos discrecionales, por ejemplo la lana que el Departamento de Justicia reparte a los Departamentos de Policía locales, pero no mucho más.

En 1987 la Suprema Corte decidió que los fondos federales no se le pueden retirar a los estados por no hacer cosas que el gobierno federal quiere, a menos que estén directamente relacionados con un tema particular. Por ejemplo, no pueden retirar los fondos para vivienda subsidiada si se permite fumar a los menores de edad. O sea, que una cosa tiene que ir con la otra, si no hay relación, nomás no hay modo.

Eso es parte también de la Décima Enmienda de la Constitución, federalismo puro, que otorga a las ciudades y estados el poder de decidir sus propios códigos civiles y penales.

La Verdad del Santuario

En corto, El Trompas solamente podría quitarle lana a quienes lo apoyan en las ciudades “santuario”, los Departamentos de Policía. Todo lo demás, porque no tiene que ver con la inmigración, está a salvo.

Pero hay un pero. Una cosa es declararse “santuario” y otra es serlo en la práctica. En Chicago, por ejemplo, ningún trabajador de gobierno debe preguntar por el estatus legal de un residente, pero la policía está obligada a colaborar con las autoridades federales si éstas lo solicitan para actividades, por ejemplo, como “detener criminales extranjeros”. Si la Migra viene con una lista de 20 sospechosos y pide ayuda, la policía ayuda.

Y el pero más grande no es ese, sino el actuar de las policías mismas en estos tiempos en que ser joven, ser minoría, ser pobre y ser de color son delitos. Estados unidos es el país con más encarcelados en el mundo, aproximadamente dos millones, y hay un cálculo de que un 70 por ciento de la población tiene algún tipo de antecedente penal.

Ese es el pero. Las autoridades locales pueden decir que son todo lo santuario que quieran, y hasta poner dinero para la defensa legal de algunas personas, pero de todas formas El Trompas tendrá cientos de miles de personas de dónde escoger para deportar a su gusto.

Para ser verdaderos santuarios, las policías tendrían que ser reformadas, dejar de estar llenas de racistas con pistola y de extorsionadores. Mientras no se reformen os sistemas judiciales, El Trompas no necesita sus amenazas contra los “santuarios” mientras el sistema llene cárceles y más cárceles como negocio más que como cuestión real de seguridad pública.

En vez de amenazar con quitar dinero a los santuarios, bastaría con darle más lana a la policía, por cierto sus apoyadores, y ¡asunto resuelto!