México del Norte

Por: Jorge Mújica Murias

Cada Palabra Cuenta

Unas 600 inmigrantes, madres y sus hijos, fueron liberados de un par de cárceles en Texas hace un par de días. La noticia les llegó de repente, después de meses de luchar precisamente por eso, por su liberación, de huelgas de hambre y de demandas legales.

No se lo esperaban. Han estado detenidas con sus hijos durante meses, algunas más de un año, esperando lo que vinieron buscando y creían que abundaba en Estados Unidos, la libertad.

Son las ex-detenidas de Dilley y Karnes City, los dos llamados centros de detención familiar en Texas, que en total tienen capacidad para mantener a 3-mil-700 inmigrantes.

La mayoría de ellas vienen de Guatemala, El Salvador y Honduras, y son solicitantes de asilo en Estados Unidos. El fin de semana las echaron a la calle enmedio de la noche, bajo la lluvia, sin explicarles nada. La mayoría no tuvo chance de llamar a amigos o familiares para que fueran por ellas y sus niños, y terminaron refugiadas en la Iglesia Metodista de San Antonio.

La explicación es simple, y al mismo tiempo complicadísima, y tenga paciencia nuestro lector. Según la Migra, en voz de su vocero para la zona centro, Carl Rusnock, “la liberación de algunas familias desde Karnes City y Dilley el fin de semana fue parte de las operaciones rutinarias y no una respuesta a la orden judicial”, que apenas están revisando.

La orden judicial a la que se refiere es la emitida por la jueza Karin Grump, un veredicto final que no le permite al gobierno hacer un cambio burocrático sobre la descripción y funciones de los centros de detención familiares de la Migra.

Esa decisión es consecuencia de otra más, emitida en California desde el año pasado, que le ordenaba a la Migra poner el libertad a todos los menores de edad porque estaban detenidos en violación a un acuerdo judicial de 1997. El viejo acuerdo, en pocas palabras, impide al gobierno mantener niños en cárceles o centros de detención por más de 21 días, y transferirlos a más tardar en ese período al Departamento de Servicios Humanos para que sean colocados en casas de familiares o conocidos.

Pero el dictamen de la Corte de California decía, y aquí se demuestra sin lugar a dudas que cada palabra exacta cuenta, específicamente en casos legales, que el límite de 21 días es para “establecimientos sin licencia para cuidado infantil mientras esperan el resultado de sus casos de asilo”.

La Lana y el Cuidado Infantil

Lo estricto y preciso del lenguaje llevó a las compañías del Grupo GEO y CCA, Corrections Corporation of America, las dos que manejan las cárceles federales y le cobran millonadas al gobierno por cada detenido por cada día, más que si estuvieran en un hotel de lujo, a pedir una nueva clasificación: en vez de liberar a los niños, porque eso los llevaría a perder cientos de miles de dólares, pidieron declarar la cárceles o centros de detención como “centros de cuidado infantil”.

La Migra les hizo el favor de tramitar la clasificación, y en el colmo de colmos el estado de Texas admitió sus argumentos y les permitió el cambio. Legalmente, durante todo este año, los niños han estado detenidos en lo que legalmente se considera un jardín de niños o guardería.

Obviamente, las organizaciones legales pro-inmigrantes no se la tragaron, y demandaron contra el permiso del cambio de clasificación, y por fin lograron el viernes pasado que la Corte revocara el permiso del estado de Texas para considerar las cárceles familiares como centros de cuidado infantil.

La historia, por supuesto, no ha terminado. Miles de mujeres y menores solicitantes de asilo tienen que enfrentar casos largos y complicados antes de lograr ser legalmente admitidos. En sus propias palabras, “no debimos haber estado nunca en la cárcel. No somos delincuentes, venimos huyendo y solicitando asilo precisamente de la delincuencia”.

Efectivamente, cada palabra cuenta. Estas madres recién liberadas y sus hijos nunca han sido delincuentes, sino víctimas dos veces de Estados Unidos: una en sus países de origen, por las políticas de apoyo a gobiernos corruptos y asesinos, y otra en el propio suelo gringo.