México del Norte

Jorge Mújica Murias
mexicodelnorte@yahoo.com.mx

El Último Perdón

En unos días, en la víspera del santo día del guajolote, o como le dicen por acá Día de Acción de Gracias, Barack Obama va a perdonarle la vida a un par de pavos y los va a mandar a vivir el resto de sus vidas en un santuario forestal. Sin mandarlos al bosque, pero Obama podría hacer algo similar por millones de inmigrantes sin papeles: perdonarlos.

Su legado, hasta el momento, incluye cerca de tres millones de inmigrantes deportados, lo mismo que el Trompas promete hacer a partir de tomar posesión de la Casa Blanca. La verdad, Obama bien podría ponerse a mano con la comunidad antes de largarse, y dejarnos en paz por el resto de nuestros días.

La idea no es nueva, se la propusimos en 2009 y Obama nos dijo que no se podía, pero lo mismo nos dijo de DACA, la medida en favor de los “soñadores”, y luego terminó por emitirla y funcionó hasta el momento. Obviamente bajo Trump DACA puede ser revocada, pero un perdón universal no podría revocarse.

Me refiero a la facultad presidencial de “otorgar perdones a individuos que hayan cometido ofensas contra Estados Unidos”. Está escrito en la Constitución, no necesita legislación, y no puede echarse para atrás si lo emite.

El congreso, todos lo tenemos claro, es el que define en las leyes qué cosa es una “ofensa” o un crimen, y luego el presidente puede decidir cómo se persigue a los “ofensores”, ejerciendo su discreción. Es lo que pasa cuando un fiscal “se desestima de las acusaciones” o, en otras palabras, se retiran los cargos o se anula la acusación. Y, por cierto, la Suprema Corte ya en alguna ocasión juzgó que ni el congreso puede meterse con el derecho presidencial de perdonar.

La cosa es que Obama podría hacer eso a escala masiva. Desde George Washington hasta Obama lo han hecho. Abraham Lincoln perdonó a los desertores de la guerra civil, y Andrew Johnson a todos los soldados confederados, los sureños separatistas. Jimmy Carter perdonó con 300 palabras y de un plumazo a medio millón de jóvenes que se negaron a reportarse al ejército en tiempos de la Guerra contra Vietnam.

Obama solito lleva ya 1,014 perdones, mayormente a gente que él piensa que sufren condenas demasiado duras en relación con lo pequeño de sus delitos, como a Sharanda Jones, usuaria de cocaína condenada a cadena perpetua.

Crimen y Castigo

Cada presidente ha perdonado docenas de personas con sentencias por todo tipo de crímenes, pero la Constitución dice, literalmente, “ofensas”, no crímenes, y tampoco dice “sentenciados”, es decir, gente que haya pasado por un proceso legal en su contra y encontrado culpable. Y haber entrado a Estados Unidos sin papeles o haberse quedado después de que expiró la visa es exactamente eso, una ofensa.

Una ofensa que se paga con la deportación, estamos claros, a menos que hubiera algún otro crimen concurrente o repetido, como entrar varias veces y que lo agarren a uno más de una vez.

Lo que pasaría con un perdón de Obama sería simple: no hay que registrarse, hacer papelería, nada, sino que cuando a uno lo agarrara la Migra y tratara de deportarlo, tendría uno que demostrar que pertenece a la categoría de los perdonados. La categoría depende de cómo la escribiera Obama, como, por ejemplo, perdonar a todos los padres de hijos nacidos en Estados Unidos, o a los que lleven aquí 20 años, lo que sea.

No sería una amnistía, no daría residencia legal, no abriría el mentado “camino a la ciudadanía” ni nada por el estilo. El perdón sería por la ofensa cometida y por obviedad el castigo correspondiente, la deportación.

En otras palabras, simplemente les quitaría el filo a muchas de las amenazas del trompas Donald Trump. Todos los que no hayan cometido otro crimen además de haberse brincado la barda, quedarían a salvo.

Con eso nos conformaríamos. A la mejor con eso no sería recordado para siempre como el Deportador en Jefe.