México del Norte

Jorge Mújica Murias
mexicodelnorte@yahoo.com.mx

Dos De Niños, Dos

Desde hace dos semanas hay un revuelo en la ciudad de Flint, estado de Michigan, cuando se descubrió que el cambio en el sistema de agua potable ha estado envenenando a los residentes con plomo. Fue una de esas típicas estupideces gubernamentales, de un gobernador Republicano que quiso ahorrar medio millón de dólares al año y ahora tendrá que pagar cerca de 400 millones para reparar todas las tuberías contaminadas de la ciudad y sus 102-mil habitantes.

El caso es que población de todo el medio-oeste, desde Chicago hasta Cleveland e Indiana, se han lanzado al rescate haciendo lo que pueden, que en realidad es poco y posiblemente con efectos secundarios también complicados.

La ayuda ha consistido en juntar botellas de agua y mandarlas o llevarlas a Flint, en coches, camionetas y alguno que otro camión de carga. Lo que la gente de buen corazón pero que no mira más adelante, ni más al fondo del problema, es que cada residente de Flint necesita digamos diez botellas de agua al día pensando en la que toma, la que se necesita para cocinar y para lavarse las manos. Bañarse está fuera de la cuenta.

Diez botellas por día por 100-mil personas es un millón de botellas al día, y el efecto secundario es que para la semana habría siete millones de botellas vacías que no se van a desvanecer en el aire. Un mes y estamos hablando de 28 millones de botellas.

Fuera de la cuenta y del basural, resulta que quienes distribuyen el agua embotellada están demandando identificaciones oficiales a quien las quiera recibir, lo cual deja fuera, obviamente a los inmigrantes indocumentados. Enmedio del clima de terror por las redadas que organizó Barack Obama por todo el país, los indocumentados no le quieren abrir la puerta a nadie que no conozcan, y cuando la Guardia Nacional va a repartir agua la gente les tiene miedo.

Obvio también, los inmigrantes no-bilingües fueron los últimos en enterarse del problema de la contaminación del agua. Algunos terminaron en el hospital, envenenados e intoxicados. Y los niños, hijos de indocumentados, por más ciudadanos que sean por haber nacido por acá, se llevarán la peor parte. El plomo se acumula en los huesos y durante la adolescencia, al crecer los huesos, se libera, afectando todo el cuerpo, incluyendo el cerebro.

Traficados

En otra nota, resulta que la adminstración de Obama envió algunos de los niños centroamericanos arrestados en la frontera… con traficantes de seres humanos.

Docenas de niños guatemaltecos fueron descubiertos en Ohio, trabajando en granjas de pollos y en “condiciones horribles de trabajo”, según la Oficina de Relocación de Refugiados. Acusan al Departmento de Salud y Servicios Humanos de no hacer las investigaciones correspondientes sobre la gente que aceptó hospedar a los niños.

Agrega el reporte que ya que se los embarcan a un lugar, ni siquiera checan cómo les va. Los jóvenes fueron descubiertos en Marion, Ohio, cautivos de traficantes humanos, y sujetos a trabajos forzados. El reporte cita 30 casos específicos de niños que terminaron con traficantes, por ejemplo el de uno enviado con su tío, quien a final de cuentas se negó a recibirlo, y entonces lo enviaron con un desconocido que lo puso a trabajar 12 horas al día y encima le cobró 6 mil 500 dólares por “patrocinarlo”, cantidad que luego aumentó a 10 mil 900 por “mantenerlo”.

A otro más, con discapacidad mental, le impidieron hablar con el trabajador que manejaba su caso, y en vez de investigar, el trabajador decidió simplemente cerrar el expediente.

Como siempre, los inmigrantes no crearon el problema, no pueden resolverlo, pero sufren las consecuencias de un sistema que no sirve para nada. Es cuestión de gobiernos y de sistemas, pero por lo pronto, los “mojados” de Flint se nos van a desecar completamente, y los refugiados centroamericanos terminarán por ganar su residencia finalmente, no por lo que les hicieron en Guatemala o en El Salvador o en Honduras, sino por lo que les hizo el mismo gobierno gringo…