México del Norte

Por Jorge Mújica Murias

mexicodelnorte@yahoo.com.mx

¿A Cambio de Qué?

Por fin, la semana pasada avanzó la discusión sobre la legalización de millones de inmigrantes en Estados Unidos. Nótese que usamos el término “legalización”, en vez de “reforma migratoria”, porque en eso exactamente reside el avance. El avance es que los Demócratas aparentemente están dispuestos a olvidarse del “camino a la ciudadanía”.
Primero el congresista Demócrata de Chula Vista, California, Juan Vargas, dijo que “estaría dispuesto a apoyar una propuesta sin ciudadanía”, incluso si ello significaba “romper las filas del Partido”. Sus declaraciones siguieron la presentación de una propuesta de la congresista Republicana Darrell Issa, también californiana. Según Vargas, “negar la ciudadanía está mal, pero si eso impide la legalización entonces hay que estar a favor”.
La respuesta de su partido vino de parte de Xavier Becerra , también de Califas, diciendo que “no sabía de ningún Demócrata dispuesto a tratar a cualquier persona como americano de segunda clase”, y que iba a platicar con Vargas para ver “que tiene en la cabeza”. Lo que tiene Vargas es la certidumbre de que, de todos modos, los Republicanos podrían apoyarlo sin un solo voto de los Demócratas.
Después el mismísimo Luis Gutiérrez , supuesto campeón de la inmigración y la ciudadanía, se echó el trompo a la uña y dijo que “hay que avanzar con la reforma de alguna manera. Luego se podría buscar formas de acceder a la ciudadanía”.
“Para mí la ciudadanía es importante, siempre lo ha sido, pero creo que puede haber ciudadanía para millones, legalización para todos y un paro a las deportaciones. Quiero dar una señal clara de que hay que negociar y encontrar una manera de parar la injusticia y el sufrimiento de nuestra comunidad”.
En una insólita admisión de responsabilidades, Gutiérrez aclaró que “Esta no es mi propuesta, no es la que yo hubiese hecho. Vamos a ser claros, el proyecto de ley del Senado eliminó 3 millones de personas de entre los 11 millones para la ciudadanía y las personas que me están criticando por tener esta posición ahora son los mismos que dicen que debemos adoptar esa propuesta”.
La pregunta es, entonces, qué negociar a cambio de la mentada ciudadanía.

¿A Cambio de Nada?

Gutiérrez está negociando con el Republicano  Mario Díaz Balart, de Florida, y Paul Ryan , de Wisconsin, para presentar un nuevo proyecto de ley, que aparentemente daría la legalización y, tal como dice la ley actualmente, con las reglas vigentes, poder buscar luego la ciudadanía si lo desean, por medio de la familia o el trabajo. Es como descubrir el hilo negro mojado con agua tibia. O como hubiera dicho Ronald Reagan, “Si funciona no lo arregles”. Es lo que hemos dicho desde hace meses, que un residente Legal Permanente puede hacer sus trámites de ciudadanía en cinco años, en vez de la espantosa propuesta del Senado, la S744, que obligaría a esperarse 13 años.
De nuevo, la pregunta es “a cambio de qué”. Las organizaciones profesionales del inmigrantismo y sus jefes, como Frank Sherry, de America’s Voice, dicen que “Mientras levanten la prohibición de los 3 y 10 años para la reunificación familiar y le den a los dreamers y trabajadores del campo un trato acelerado, se puede llegar a un trato. Gutiérrez está empujando y urgiendo a los republicanos a dar un paso adelante con algo y preparando a los activistas”.
Ahí puede ser donde la proverbial puerca tuerza el proverbial rabo. Considerar solamente un punto de vista inmigrantista o entrarle de verdad al tema.
Los inmigrantes son, en su absoluta mayoría, trabajadores internacionales y punto. Chambeadores en busca de trabajo. Esta sería la oportunidad para hacer lo que los demás planes no han contemplado, las condiciones en que un trabajador llega a su trabajo y cómo le va ahí.
Es decir, tratar el tema de la inmigración como un aspecto de trabajo, y garantizar entonces las mejores condiciones posibles de trabajo. En vez de 20 mil nuevos agentes fronterizos, 20 mil inspectores del trabajo, que vigilen y supervisen que se paguen los salarios completos, las horas extras, que los trabajos sean seguros y saludables y demás.
No hay que darle muchas vueltas. Aproximadamente 100 millones de ciudadanos en Estados Unidos ni siquiera están registrado para votar o ni siquiera votan, pero la mayoría trabaja y a muchísimos les va tan mal en la chamba como a los inmigrantes indocumentados.
Es hora de una reforma a la Ley del Trabajo que tenga un capítulo sobre los trabajadores internacionales y punto. Esa sería la mejor solución a la dinámica migratoria.

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