Mente chiquita, problema grande

“Prométeme que si ves a algún deambulante le vas a dar la barrita”. Con esta frase se despidió mi hija al dejarla en la escuela esta mañana. En el camino de la casa a la escuela, una distancia que nos toma en promedio 20 minutos recorrer, nos habíamos cruzado con dos personas pidiendo limosna en los semáforos. Al ver el primero, mi niña saco una barrita de nueces y cereales de su lonchera y me dijo que se lo iba a dar. Para nuestra mala suerte y sobre todo la del señor que iba de carro en carro, se encontraba en una avenida que corría paralela a la nuestra y no vio a mi hija cuando le hizo señas para que viniera a buscar lo que ella quería darle. En el próximo semáforo nos paso exactamente lo mismo. ¿Porque todos los deambulantes están del otro lado? Me pregunto. “No lo sé, pero mañana tal vez podemos cambiar la ruta” le contesté tratando de darle un poco de esperanza.

Dos semáforos mas tarde, luego de dejarla en la escuela, otro deambulante. Le hice un gesto con la mano para que viniera hacia mi carro, baje el cristal y le entregue la barrita: “Mi hija me pidió que le diera esto” le dije. “Gracias, y dele las gracias a su hija también” me contestó. En ese momento pensé en que, si bien me hubiera gustado que se lo diera ella personalmente, por lo menos estaría contenta de saber que se lo pude dar a alguien. Inmediatamente se me borro la sonrisa de la cara y le dije a misma: “No hay razón para estar contenta”. Tres deambulantes es demasiado, un deambulante es demasiado.

La semana pasada, también de camino a la escuela, me contó que la maestra le había dicho que si una tenia dolor de barriga podía ser por hambre. Rápidamente, conectó los puntos y me dijo: “O sea que a toda esa gente que vive en la calle y no tienen que comer, ¿les duele la barriga?” Me lo dijo con esa carita de haber descubierto algo que le provoco una tristeza profunda. Una de esas realidades sobre el mundo que no quisiéramos que nuestros hijos descubrieran.

Los niños por lo general son empáticos, generosos, dadivosos y amorosos. ¿Hay quien podría decir que por “naturaleza”? Yo, que no soy psicóloga ni parecido, pienso que, si bien heredamos algunos rasgos de nuestra personalidad, lo que tiene que ver con cómo nos relacionamos con las otras personas y el mundo que nos rodea es aprendido, en casa, en la escuela, aprendido por lo que nos dicen y sobre todo por lo que observan. Dentro de sus pequeños mundos, hay cosas que sencillamente las tienen más claras que nosotros los adultos que nos hemos llenado las cabezas de imposibles. “Si alguien tiene hambre, démosle comida, si necesita ayuda, ayudemos, si está sucio, vamos a limpiarlo, si está roto, vamos a repararlo. Ellos saben que no hay que solucionarlo todo de una vez, que, con ayudar, aunque sea un poquito es mucho. Nosotros los adultos, a veces nos paralizamos ante la cantidad y complejidad de los problemas que nos rodean y decidimos que es mejor hacer nada.

Hace poco, pregunté en una empresa porque no tenían una práctica de reciclaje, por lo menos de cosas básicas como plástico y aluminio. Me respondieron que, hacia un tiempo, cuando eran solo unos pocos empleados, estuvieron reciclando un tiempo, pero luego no tenían donde almacenar el material y el “edificio” no proveía las facilidades así que descontinuaron la práctica, que me dejarían saber si reactivaban el programa. Quizás será porque me dedico a analizar y resolver problemas, pero de inmediato pensé en varias maneras “creativas” en que se podía manejar la situación. Trate de insistir un poco en el tema, pero el mensaje fue claro. Me decepcionó mucho notar la actitud derrotista, el tono de “otro día bregamos con eso porque ahora es muy complicado.” Esa es mi actitud cuando tengo que recoger mi closet, sacar toda la ropa, decidir que se queda y acomodarla nuevamente de una manera organizada. Lo pienso muchas veces y de pensarlo nada mas se me quitan las ganas. “Otro día brego con eso, ahora no tengo tiempo, es mucho trabajo.” Así pasan semanas. Hasta meses.

Hay cosas que pueden esperar semanas, meses. El hambre no, el exceso de basura, la contaminación, no. Así sea alimentando a una persona a la vez. Así sea colocando UN recipiente de reciclaje para botellas de plástico. Una botella reciclada es una menos que va a la basura, a nuestros campos, a nuestros océanos. UNA persona que piense como logramos no generar tanta basura, es mucho. A veces necesitamos de las mentes “chiquitas” para ayudarnos a resolver los problemas “grandes