Más guerra en Afganistán

Por BBC Mundo

“Hemos perdido una enorme cantidad de sangre y tesoro en Afganistán. Su gobierno tiene cero aprecio. ¡Vamos a salir!”, escribió Trump en su cuenta de Twitter en noviembre de 2013.

Sin embargo, el ahora mandatario acaba de anunciar que EE.UU. permanecerá en esa guerra, que con 16 años en curso se ha vuelto la más larga en la historia de su país.

“Al final, vamos a ganar”, aseguró en un discurso especial el lunes por la noche. Varios motivos pueden explicar la diferencia entre ambas opiniones de Trump, pero uno parece fundamental: la creciente influencia de los militares en su gobierno.

“Por su personalidad e instinto político, Trump se ha rodeado de ex oficiales de las fuerzas armadas, y ha dado amplia libertad a los militares en operaciones en Oriente Medio”, dijo Mariano Aguirre, un analista de política internacional y autor del libro “Salto al Vacío” (Icaria, Barcelona, 2017), sobre la presidencia del republicano.

“Curiosamente, cómo le pasó a (el expresidente) Barack Obama, que también quiso retirarse y en 2009 terminó haciendo una escalada en ese país, ahora (Trump) ha cedido ante ellos”, agregó Aguirre en declaraciones a BBC Mundo.

La huella figital

El presidente de EE.UU. está rodeado de oficiales en puestos clave de su administración.

Su consejero de seguridad nacional es el teniente general H.R. McMaster y su secretario de Defensa es James Mattis, el primer general a cargo del Pentágono en más de medio siglo.

Ambos tienen experiencia previa en Afganistán como militares y sus opiniones fueron determinantes en el anuncio de Trump.

El presidente evitó decir el lunes cuántos soldados adicionales EE.UU. mandará a ese país, donde ya hay más de 8.000, pero su plan está claramente basado en la opinión de sus generales.

“Su discurso tiene la huella digital de McMaster”, dijo a BBC Mundo Robert Turner, un militar retirado de EE.UU., exconsejero de la Casa Blanca en temas de inteligencia y director asociado del Centro para el derecho de seguridad nacional en la Universidad de Virginia.

McMaster y Mattis pulieron este año una estrategia que incluía el envío de hasta 4.000 militares extra a Afganistán para apoyar a las fuerzas locales a combatir al Talibán e impedir que ese país sea una fuente de extremistas planeando atacar a EE.UU.

Trump negó que su estrategia implique un “cheque en blanco” para el gobierno afgano, con el cual dijo que trabajará mientras vea “compromiso y progreso”. Pero él mismo admitió que su antigua idea de retirarse de Afganistán cambió tras discusiones con sus consejeros de seguridad nacional.

“Disciplina”

Un tercer militar en un puesto crucial en el gobierno de Trump es el general John Kelly, que asumió el mes pasado como jefe de gabinete con el objetivo de acabar con el caos reinante en la Casa Blanca.

“La Casa Blanca estaba totalmente desorganizada”, sostuvo Turner. “Kelly está trayendo disciplina”.

Kelly encabezaba el Departamento de Seguridad Interior y desde que llegó a su nuevo cargo ha puesto reglas y límites para las visitas que recibe Trump.

También tuvo diferencias internas con Stephen Bannon, que la semana pasada dejó de ser estratega jefe del presidente.

Medios estadounidenses como el diario The New York Times informaron que Bannon veía con recelo la influencia que los generales tienen sobre Trump en el tema de Afganistán, así como la opción del intervencionismo en política exterior.

Este mes Trump dijo que no descartaba la opción militar ante la crisis de Venezuela, lo que generó inquietud a nivel regional, y habló de responder con “fuego y furia” a las amenazas de Corea del Norte, lo que alarmó incluso a aliados de Washington.

Ambas advertencias fueron vistas por muchos como comentarios espontáneos de Trump, quizá sin seguir exactamente el consejo de sus asesores militares. De hecho, el Pentágono dijo luego que no había recibido órdenes de la casa Blanca sobre Venezuela y el general Mattis aclaró que la diplomacia lideraba los esfuerzos de EE.UU. sobre Corea del Norte, indicando que una guerra sería “catastrófica”.

Sin embargo, el secretario de Defensa también advirtió que si Corea del Norte lanza un ataque en territorio estadounidense, eso “podría escalar en una guerra rápidamente”. Y desde que Trump delineó su gabinete antes de asumir en enero, diferentes analistas manifestaron preocupación por el peso atípico que los militares podrían tener en el gobierno de la potencia global.

“Si un presidente latinoamericano o de cualquier otro país hubiera armado esta arquitectura de gobierno, es probable que EE.UU. le diría: ‘¿sabes que eso no es muy sabio?'”, indicó en su momento a BBC Mundo Gordon Adams, un profesor emérito de la American University en Washington y coautor de un libro sobre la militarización de la política exterior estadounidense.

Cuánto llegarán a influir los generales a lo largo del gobierno de Trump es todavía una pregunta abierta.

Pero el cambio de opinión del presidente sobre Afganistán sugiere que está dispuesto a escucharlos y atender sus consejos.