Lo que debe arder, que arda.

Yo quería escribir sobre galletitas de chocolate chip. Mi intención era contarles que me ofrecí a hornear unas galletitas para una venta en la escuela de la niña, una venta que hacen para recaudar dinero para los pacientes con cáncer. Estaba lista para narrar cómo a la hora de hacer las galletitas, un lunes a las 9:00 PM, no apareció la batidora heavy duty que uso cada vez que decido canalizar a mi Martha Stewart interna. Además, que dejé una barra de mantequilla sobre la mesa para que cuando regresara de hacer ejercicios estuviera a temperatura ambiente como manda la receta, y desapareció. Parecía haber desaparecido, luego encontramos evidencia de que una de las perras de la casa se la comió, entera, con todo y papel. Les iba a contar que entre la mantequilla no estar a la temperatura adecuada y no tener la batidora, no logré la consistencia necesaria y el azúcar no se disolvió lo suficiente. Aun así, perseveré. También quería contarles que el Baking Powder llevaba un tiempo abierto sin usar así que probablemente tampoco estaba en su punto. Pero persistí.  A la pieza que se usa para marcar la temperatura del horno se le borraron los números, así que una sabe mas o menos en que temperatura está, lo cual para hacer galletas y bizcochos es fatal, pero, aun así, persistí. Esta era una historia de perseverancia. No porque las galletas hayan quedado bien. Algunas se cocinaron de mas por un lado y las otras quedaron muy duras. Al final, mi esposo salió al supermercado a las 10:00 PM a comprar un rollito de cookie dough y por eso fue posible llevar galletitas recién horneadas. Una tiene que escoger sus batallas. Pero esta no es esa historia de perseverancia, ni esta es la batalla que selecciono hoy.

 

Esta mañana me encontré con la noticia de que Thelma Fardin, una actriz argentina, denunció que Juan Darthes, otro actor y coprotagonista en una serie en que trabajaban juntos, la violó cuando ella tenía 16 años. Thelma había permanecido muchos años en silencio hasta que vio que otra compañera actriz hizo una denuncia parecida contra él, entonces decidió hablar. Luego de muchos años de dolor, de vergüenza, de silencio. Una ola de apoyo se ha levantado con ella. Mujeres que creemos que el silencio ya no nos pertenece. Mujeres que hemos escogido esta batalla. Antes de escribir esta columna pensé: ¿pero si recién estabas escribiendo sobre la violencia machista, de nuevo con el tema?  Quiero que llegue ese día en el que no sea necesario escribir sobre estos temas. Quiero que llegue el día en que solo me queden por contar historias de perseverancia al hornear galletitas. Hasta que llegue ese día, alguien tiene que recordarnos que no estamos solas, que nos tenemos y que una de las formas de terminar con estas historias es contándolas.

 

Esta semana se cumplieron 28 años de la fecha en que murió mi papá. Yo no recuerdo este detalle, pero mis hermanas y hermanos mayores me cuentan que cuando uno no lograba algo cantaba: “try & try & try again, thats the only secret, thats the only way to learn, thats the only secret”. Así es, con las galletitas de chocolate, y con todas las batallas que escogemos, a seguir intentando. “Lo que deba arder, que arda” leía el titulo de un articulo que leí esta mañana, sobre el caso en cuestión. Entonces entendí el mensaje que recibí en un sueño anoche: “a las manos que hay que ponerle fuego, fuego como a todo lo que hay que mantener vivo”.  Fuego para pintar, fuego para cocinar, fuego para escribir, en mi caso que hablo con las manos. Mantener la llama encendida, la voz alta, en todas las batallas, así sea para lograr que queden las galletitas una y otra vez o para decir lo que hay que decir, para que no nos venza el silencio. Fuego en las manos, y de la historia del otro día, de las que les iba a contar, tengo hasta una pequeña quemadura como evidencia.

 

Deseándote que arda en ti lo que debe arder,

 

Lola