Llamada de alerta a los hispanos y comunidades de color

Llamada de alerta a los hispanos y comunidades de color

 

Por José López Zamorano – La Red Hispana 

 

Las nuevas cifras dadas a conocer por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) sobre el avance de la epidemia del COVID-19 deben ser una llamada de alerta a nivel nacional sobre la crisis de salud que está golpeando en estos momentos a las comunidades latinas, afroamericanas y nativas dentro de los Estados Unidos.

Aunque ya sabíamos que las comunidades minoritarias estábamos siendo impactadas desproporcionalmente por los contagios, los nuevos datos sugieren que el impacto no sólo es más profundo, sino que amenaza con empeorar la crisis sanitaria y convertirse en un problema crónico de salud pública para las comunidades de color del país.

De un total de 599,636 contagios con información racial o étnica precisa, un 33% de los contagiados eran latinas o latinos de cualquier origen racial, a pesar de que representamos el 18% de la población de Estados Unidos. El caso de los afroamericanos, la proporción fue del 22%, aun cuando constituyen el 13% de la población. 

Aunque los CDC reconocieron que la proporción de datos faltantes sobre raza y etnicidad limitan las conclusiones, las cifras son consistentes con un análisis de la Red de Vigilancia de Hospitalizaciones Asociadas (COVID-Net), la cual encontró más altas proporciones de afroamericanos e hispanos entre los pacientes hospitalizados con COVID-19 en relación con la población completa.

Los hispanos somos hospitalizados en proporción de cuatro a uno en comparación con los blancos no hispanos, los afroamericanos en proporción de 4.5 y los nativos en proporción de cinco a uno.

La fotografía racial y étnica de los contagios del COVID-19 en los Estados Unidos la completan un 36% entre la población blanca no-hispana, 4% entre la asiática y de 1.3% entre los nativos americanos y de Alaska, éstos últimos también aceptados desproporcionalmente toda vez que representan el 0.7% de la población estadounidense.

Aunque la incidencia del COVID-19 fue prácticamente similar entre hombres y mujeres, los casos más graves fueron reportados entre varones. De la misma forma las personas mayores de 70 años, independientemente de los padecimientos subyacentes, tuvieron el más alto nivel de hospitalizaciones, admisiones a unidades de cuidados intensivos y desenlaces fatales.

Las reveladoras estadísticas de los CDC muestran que las personas con condiciones médicas subyacentes serias, tal como diabetes, enfermedad cardiaca o enfermedad pulmonar crónica, enfermedad hepática o renal, o sistemas inmunológicos comprometidos, fueron hospitalizados en proporción seis veces más alta que personas sanas, y que la probabilidad de muerte fue 12 veces más alta que en personas sin tales padecimientos.

La falta de acceso médico, la brecha de ingresos, el tipo de empleo, de transporte y hasta la zona postal de su vivienda, han sido y siguen siendo determinantes sociales de salud que han agravado el cuadro médico de minorías raciales y étnicas azotadas por enfermedades crónicas como la diabetes, el sobrepeso, el asma y la hipertensión. 

Es verdad que ningún segmento de la población ha quedado o está a salvo de un posible contagio por COVID-19. Pero para para las comunidades hispanas, afroamericanas y nativas se trata de una tormenta perfecta que requiere una intervención urgente, desde una perspectiva sanitaria y de comunicación pública sobre acceso a opciones y recursos de salud, e información oportuna y culturalmente relevante sobre cómo mantenerse sanos y salvos 

 

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