La visita del Papa

El Papa nos llamará a comprometernos con México

Por: Luis Manuel de la Teja

Desde esté espacio periodístico el 2016 se relataran historias dignas de contar.  La visita del Papa Francisco a nuestro país, tiene un propósito, invitarnos a comprometernos con México, a construirlo desde una nueva mirada: dejar de ser indiferentes y encarar la realidad desde un prisma diferente, ciertamente frente al escenario nacional, las piezas del rompecabezas son muy similares a las del año anterior.

Ante este escenario llegara el Papa,  nos dice Joel Padron, Párroco San Andrés Larráinzar  en Chiapas, como un acontecimiento de gran significado y trascendencia para la vida del país.

Francisco encontrara por un lado un México desconcertado por tanta corrupción, mentira y violencia, pero aún con esperanza, también con una Iglesia cuyos laicos, no logramos definir con claridad nueva nuestro lugar, y por esto mismo tampoco la misión, palabra y ejemplo que pueda iluminar nuestra realidad.

Visitará, primero, el corazón de nuestra Patria, la gran capital; aquí, principalmente a María de Guadalupe. Pareciera que él entiende mejor que nosotros, el significado profundo de la tilma del indio Juan Diego, signo, primero, de la cultura y vida de nuestro México.

La misma tilma en que María de Guadalupe quiso estampar su Imagen viva, real, signo de un proyecto nuevo de amor, libertad, justicia, independencia y soberanía, para nuestro México que así, comenzó a ser libre y al que ella quiso convertir en su casa.

Después irá Francisco al sureste mexicano, para tocar la realidad de dolor, olvido y marginación de los pueblos originarios, raíz verdadera de nuestra patria. Su palabra será, de alguna forma, nuevo eco del grito, tal vez ya olvidado por muchos: Basta ya de este México desigual, de privilegios para unos pocos y de injusta marginación para muchos.

Su corazón latino nos invitará a rencontrar nuestra verdadera identidad, la que nos hermana con los pueblos latinoamericanos, para decirnos que nuestra frontera sur no puede ser, de ninguna manera, la frontera sur de la potencia del norte. ¿Por qué?, ¿con qué derecho?

Del sureste viajará a Michoacán, tierra sagrada que han hecho suya, con violencia, igual que otros territorios del país, los diferentes grupos del crimen organizado. Quiere Francisco también tocar con sus manos esta realidad de violencia y máximo sufrimiento en el corazón de los más pobres.

Nuestro papa Francisco sabe por qué, para hablarle a su Iglesia de México, decidió venir hasta las significativas diócesis en la vida de la Iglesia: primero de San Cristóbal, la que fue, en su tiempo, la Iglesia de Fray Bartolomé de Las Casas, el primer obispo defensor de los pueblos indios.

Después visitará la Iglesia de Tata Vasco en Morelia, el obispo defensor de los derechos de los pueblos tarascos. Sin duda, con esto quiere decirnos cuál es la Iglesia que él representa y quiere: una Iglesia pobre con los pobres, para poder ser, desde ellos, una Iglesia al servicio de todos, sin excluir a nadie.

De Michoacán viajará al norte del país, a las tierras de Ciudad Juárez. Quiere ser testigo y tocar el dolor de tantos inexplicables y, hasta ahora, impunes feminicidios, como también la tragedia inhumana que significa la muerte y ejecución de cientos de migrantes a manos de grupos criminales, ante la complicidad de autoridades sin conciencia. Su palabra profética, en su Misa binacional, nos hará sentir que entre pueblos hermanos no debe haber fronteras, sino sólo reconocimiento, respeto mutuo y solidaridad, y nunca dominación y atropello del mayor sobre el más pequeño.

Principalmente, que todo migrante, víctima y signo del fracaso neoliberal, es ciudadano del mundo, y que, por lo mismo, para él no hay fronteras, y que nadie puede impedirle el derecho que lo ampara a buscar, en cualquier lugar, la vida que su propia patria no puede darle, consecuencia del injusto sistema capitalista que nos domina.

Papa Francisco: bienvenido a nuestro México, la patria libre de María de Guadalupe.

 

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