La propaganda de la tele mexicana no la tuvo ni Hitler

Opinión Por: Marcos Davila

Manteniendo a millones de mentes ocupadas, pegadas a la bendita televisión por más de cincuenta años, fue así como millones de mexicanos terminaron amando a su enemigo común y odiándose a sí mismos.

Con el puro poder de la propaganda televisiva se tenía una enorme influencia en la vida diaria de los mexicanos: en su forma de hablar, en su forma de actuar, en su forma de vestir. En otras palabras, se manipulaba a conveniencia a una gran parte de la población (los números ‘oficiales’ hablan de más del 80% de alcance televisivo).

La televisión mexicana se empeñó, por más de cinco décadas, en transformar la esperanza de los mexicanos en un conformismo colectivo y en enajenación; se dedicó a tergiversarlo todo; a intentar convertirnos en una nación sin identidad que, muchas veces, se odia a sí misma y se avergüenza de sus orígenes —muchas veces, expresando más admiración por lo extranjero, principalmente lo ‘blanco’—; a tratar de convertir a toda una población en una población sumisa y conformista, en gente que no cuestiona, que no analiza, que no opina más que para humillarse o menospreciarse a sí misma o avergonzarse de su propia raza.

La televisión también tenía influencia en la vida política de México. Y, claro, se dedicaban (como aún lo siguen haciendo) a golpear a todo lo que oliese a progresismo y, al mismo tiempo defendían (como aún lo siguen haciendo) al conservadurismo reaccionario. Tenían todo el camino libre para perjudicar a cualquier candidato de izquierda, tenían todo para defenestrar a cualquier líder político que no fuese de acuerdo con su forma conservadora de pensar. La caja de mentiras era muy buena para ayudar a esconder las malas mañas de los políticos más corruptos de México.

Si no fuera por el auge de las redes sociales que han venido a cambiarlo todo, los medios tradicionales (Televisa y TV azteca al frente) aún controlarían, con mucha facilidad, la forma de pensar de millones de mexicanos.

Si hiciéramos cuentas de todo el daño que la televisión le hizo a la patria mexicana, no habría castigo ni cantidad monetaria suficiente para reparar ese daño.

La televisión fue una gran dictadora, su poder de propaganda no tuvo límites, nunca tuvo competencia alguna, siempre se salió con la suya y actuó como si poseyese una ‘verdad absoluta’. Esa dictadura fue implacable y tuvo más duración que la dictadura de Porfirio Díaz. Ni Adolfo Hitler tuvo el poder de manipulación como sí lo tuvo Televisa por más de cincuenta años.

¡Bienvenido el fin del adoctrinamiento televisivo!