Inmigrantes ayudan a evitar el declive de la ciudad de Long Prairie

Riham Feshir · MPR

Cuando Juan Chávez iba a la escuela en Long Prairie, Minnesota, en 1999, era uno de solo cuatro estudiantes hispanos. Le resultaba difícil sentirse incluido. “Era difícil porque no te aceptaban”, recordó.

Ahora su hijo de 12 años y su hija de 5 años son estudiantes en el mismo distrito y viven una experiencia completamente diferente. “Creo que los niños en este momento están involucrados con otras personas”, dijo. “Antes, no era tan fácil”.

La pequeña ciudad de Long Prairie en Minnesota, a una hora al norte de St. Cloud, alberga a unas 3,400 personas. La mayoría de las comunidades rurales en el estado han visto una disminución de la población en las últimas dos décadas, pero Long Prairie ha crecido, principalmente debido a los inmigrantes hispanos.

La familia de Chávez se mudó de México en 1993. Su padre trabajaba en una de las plantas empacadoras de carne en Long Prairie. Chávez, su madre y cinco hermanos se unieron a él y han vivido en la ciudad desde entonces. Describió a Long Prairie como un lugar “bastante tranquilo”.

“Puedes salir de tu casa por las noches y no te preocupas porque alguien te atrape o te robe”, dijo. “Es seguro.”

Ahora la familia posee un restaurante en el centro de la ciudad, Taqueria Chávez. Ha estado abierta unos seis años. “Si un mexicano ve el nombre de Taqueria, sabe que va a ser auténtico”, dijo Chávez.

Comenzó como un pequeño lugar con dos cabinas. Se ha ampliado para incluir más asientos. Chávez también es dueño del edificio, el cual tiene apartamentos en la planta superior.

El restaurante sirve auténtica comida mexicana, como huarache y enchiladas hechas con tortillas de maíz. Chávez dirige el lugar, pero fue la cocina de su madre lo que lo hizo realidad.

Después de que su padre fue asesinado durante un viaje a México, a su madre le costó mucho lidiar con la pérdida. “Mi mamá estaba muy deprimida, pero le gusta cocinar mucho”, dijo Chávez. Al abrir el restaurante, dijo, estaba “haciendo algo por ella para que ella pudiera pagar el alquiler. No tiene que estar en la casa todo el tiempo pensando en mi padre”.

Taqueria Chavez es uno de los dos restaurantes mexicanos en el centro de Long Prairie. Al lado, hay una panadería mexicana. Una tienda de comestibles mexicana está a pocas cuadras de distancia.

Los negocios ilustran una tendencia que la ciudad ha visto en las últimas décadas. Las empresas pertenecientes a hispanos han reemplazado a tiendas cerradas del centro. Allí, usted puede encontrar un barbero hispano y edificios de apartamentos de propiedad hispana. La ciudad recibió recientemente una solicitud de permiso para un nuevo restaurante puertorriqueño que planea abrir en el centro de la ciudad.

El alcalde Don Rasmussen se enorgullece de la tendencia y habla sobre eso a menudo. “Si no tuviéramos la gente en esta ciudad que tenemos hoy, los inmigrantes que han venido aquí, habría que poner un candado en cada puerta del centro de Long Prairie cerrar las casas y despedirnos”, dijo. “Porque no quedaría nada”.

Rasmussen ha sido alcalde durante 18 años. Se mudó a Long Prairie en 1968 para un trabajo con jóvenes delincuentes en el Departamento de Correcciones en el cercano Sauk Center. Rasmussen creció en Jackson, justo al norte de la frontera de Iowa. La escuela primaria a la que asistió ya no está allí. Las gasolineras y la herrería tampoco lo están.

Y no es una historia inusual.

Un informe del Centro Demográfico del Estado de Minnesota en el 2017 encontró que la población en las comunidades rurales ha disminuido desde el año 2000. Al mismo tiempo, las áreas urbanas crecieron, representando el 80 por ciento del crecimiento de la población de Minnesota en general entre el 2000 y 2015.

Pero la historia de Long Prairie se ha desarrollado de manera diferente. Durante los últimos 20 años, los empleos en las plantas empacadoras de carne han atraído a un gran número de inmigrantes hispanos a la ciudad. En el 2000, los hispanos y latinos constituían el 9 por ciento de la población de la ciudad. Eso saltó a 32 por ciento en 2016, según los datos más recientes del censo disponibles.

Una de las plantas empacadoras de carne es Dan’s Prize, que es propiedad de Hormel. La compañía dice que está comprometida a tener un equipo de empleados diverso y multicultural. Una de las personas que impulsan ese compromiso es Jeff Tobak, presidente de Dan’s Prize.

“Tenemos el mayor respeto por nuestro equipo diverso y multicultural de empleados, quienes producen apasionadamente algunas de las marcas más queridas para un grupo de consumidores igualmente diverso”, dijo una declaración de la compañía atribuida a Tobak. “Nuestra compañía respeta todas las culturas y valores y aprecia la diversidad en nuestro lugar de trabajo. A las personas les gusta trabajar donde son apreciados y respetados, dos valores fundamentales importantes para nuestra compañía”.

Otro empacador de carne, Long Prairie Packing, ofrece solicitudes de empleo en inglés y español.

Una ciudad con características demográficas similares a Long Prairie es Worthington, que también ha atraído la atención por su crecimiento en los últimos años. Ahora, Long Prairie está empezando a recibir el mismo tipo de publicidad, algo que le molesta a Melissa Kolstad. Ella ha vivido allí desde el 1979, y fue dueña de una tienda de ropa en el centro durante cinco años. Ella no está de acuerdo en que la ciudad y el distrito de negocios están prosperando.

“Cuando era niña, todo nuestro centro estaba lleno de tiendas. Lleno. Completamente”, dijo. “No había un edificio vacío en Main Street. Ahora se trata principalmente de edificios vacíos, con algunas empresas salpicadas”.

Kolstad dijo que muchos propietarios de negocios desde hace mucho tiempo, intentaron mantener sus puertas abiertas, pero que carecían del apoyo de la ciudad y de los líderes empresariales. Ella dijo que esos líderes enfocaron su energía en grandes empresas como Walmart y Coborn.

“Siento que fue casi perjudicial para los dueños de negocios locales y los propietarios de negocios no inmigrantes”, dijo, a pesar del “trabajo duro y la dedicación que han tenido durante todos los años que han luchado para mantener las puertas abiertas en Long Prairie”.

Al mismo tiempo, sin embargo, Kolstad estuvo de acuerdo en que sin la población inmigrante y los jóvenes que se mudan a la ciudad, el sistema escolar habría sufrido.

La matrícula en el distrito escolar de Long Prairie Grey Eagle se redujo por casi un tercio en un período de nueve años. El distrito vio como resultado recortes presupuestarios y despidos. Ahora, dice el superintendente Jon Kringen, ha incrementado por aproximadamente 900 estudiantes. La clase de kindergarten es 55 por ciento hispana.

“La llegada de estudiantes inmigrantes sin duda ha beneficiado a las escuelas porque básicamente rellenamos muchas de las aulas y proporcionamos fondos adicionales para el distrito escolar y estamos mucho mejor que antes.”

Para hacer frente a las nuevas realidades, los maestros están aprendiendo español para tratar de comunicarse mejor con los estudiantes.