From Ghost Town to Havana: dos equipos, dos países, un juego

Última semana del 10.o festival de Cine Cubano en Minnesota

Dos equipos de béisbol, uno de las difíciles calles de West Oakland en California y el otro de La Habana, deciden jugar un partido. Cuando se encuentran en Cuba, Eugene Corr, un documentalista de Berkeley lo captura todo.

En el documental Ghost Town to Havana, Corr menciona su propia relación fracturada con su padre, un ex instructor de béisbol juvenil. Junto con la magia del deporte del bate y la pelota que une a los países capitalistas y socialistas que tienen 90 millas de mar entre ellos.

Mientras caminaba por las calles de La Habana, Corr escuchó los ruidos familiares del bate y de los ajustes del guante, y siguió esos sonidos hasta un campo pequeño. Encontró a un grupo de jóvenes cubanos que recibían instrucciones de béisbol de Nicolás Reyes un hombre de 60 años que anda en bicicleta diariamente y tiene una dieta de huevos, arroz y frijoles.

“Me recordó mucho a Richmond en los años 50. El mismo tipo de alegría, familia, participación de la comunidad”, dice Corr. Reyes le recordó a Corr a su propio padre, un joven entrenador que fue mentor de los niños olvidados del área. “Sé que soy un hombre mayor y romántico, pero esos años fueron asombrosos. Si quieres saber cómo eran Richmond y Oakland en la década de 1950, tienes que ir a Cuba”.

De regreso a casa después de su viaje, su siguiente tarea fue encontrar a una persona como Nicolás, una búsqueda que lo llevaría a Richmond. Pero no fue posible encontrar un entrenador de béisbol juvenil en el área. Lo que no esperaba era que su búsqueda lo llevaría a un área económicamente más deprimida de la Bahía de San Francisco.

Después de leer acerca de los Royals, Corr se acercó al entrenador Roscoe Bryant con la idea de yuxtaponer las condiciones en La Habana con las de Oakland a través del lente de los programas de béisbol juvenil. Corr esperaba que incluyera llevar al equipo a Cuba, aunque aún no estaba seguro de esa idea. Para Bryant, decirle que sí a esta propuesta fue obvio, ya que era una extensión de su misión de tratar de mostrar a sus niños que había algo más en el mundo que solo Ghost Town, lo cual a veces es tan sencillo como montar a los niños en una camioneta y atravesar el puente Golden Gate.

“Pueden vivir 12 años en Oakland, y nunca han estado en San Francisco. Es ridículo “, dice Corr. “Durante muchos años, los niños han crecido en estos pequeños barrios y nunca han salido de ellos”.

El documental resultante sobre el viaje de una semana cuenta las historias de dos entrenadores y dos equipos de béisbol. Pero es más que eso. Expone las formas en que el modelo estadounidense de desarrollo juvenil se ha quedado corto en comparación con Cuba. Para empezar, tener la seguridad, tanto económica como social (“es una calle de abrazos”, dice Corr), que le da tiempo para entrenar, a diferencia del modelo estadounidense de confiar en el buen corazón de voluntarios, es decir, aquellos con suficiente dinero para tener el tiempo libre para hacerlo.

“Las comunidades se están desmoronando, y cuando se desmoronan, las instituciones de cohesión desaparecen”. Y cuando los programas como el béisbol juvenil desaparecen, los niños no se quedan con buenas alternativas.

“Si no estás en un equipo, estás en una pandilla”, dice Corr. “Son idénticos. Tienes un líder de pandilla, tienes un entrenador, estás tratando de batir a alguien en el próximo vecindario. Estás tratando de demostrar tu valor, obtienes respeto”.

El viaje se llevó a cabo en 2010, lo que significa que los niños en el documental ya no son niños. Se han graduado del béisbol juvenil a las vidas que llevan actualmente.

Es seguro decir que Chris causa la mayor impresión de los jugadores en la película, aunque solo sea por la tragedia que experimenta mientras filman las cámaras. Durante el viaje, la abuela de Chris llamó al entrenador Roscoe con la noticia de que el padrastro de Chris había sido asesinado; el padre biológico de Fletcher fue asesinado cuando él tenía cuatro años. No queriendo arruinar el viaje, el entrenador Roscoe confiscó los teléfonos celulares de los niños para evitar que se difundiera la noticia. Cuando llegó a casa, la madre de Chris lo llevó a un santuario al aire libre que había sido instalado en una acera de Ghost Town. “¿Para quién son las velas?”, preguntó Chris. Y así fue como se enteró.

“Hay velas en todo Oakland”, dice Corr. “Honestamente, para algunos de los niños, estarían mejor si se quedaran en Cuba”.

Desde el lanzamiento de la película en 2015, Corr ha realizado una serie de proyecciones en la Bahía de San Francisco, en centros comunitarios, reuniones de la PTA y teatros independientes. Las proyecciones tienden a incluir preguntas y respuestas con Corr y Bryant, tal vez otros jugadores de pelota locales, con la esperanza de no solo difundir la importancia de los programas juveniles, sino también de como apartarlos de las pandillas. “Me ha sorprendido la cantidad de madres solteras que se presentan a estas reuniones, que se preocupan por sus hijos”, dice Corr.

“Al principio, pensé que Cuba era un valor atípico. Pero no lo es. Nosotros somos los atípicos. “No hacemos nada por los niños pobres en comparación con los demás países del mundo, mientras que un país pobre y socialista como Cuba hace mucho más”, dice. “La dura verdad es que nuestros valores son económicos y si un niño no tiene valor económico, no tenemos ningún interés en ese niño”.

Ghost Town to Havana se presentará el jueves 28 de marzo a las 7 pm en St. Anthony Main Theatre en Minneapolis. Esta película marca el final del 10.o Festival de cine Cubano en Minnesota.

Para más información: mspfilm.org   o   minnesotacubacommittee.org