El Mundo Interior

“¿Cómo está tu mundo interior?”

Escuché la pregunta y me quedé fría. “¿Qué quieres decir?”  Pregunté mientras en el teatro de mi mente se asomaba la imagen de un almacén lleno de cajas sin abrir. Como en medio de una mudanza, cosas sin un lugar definido, en el piso, sin saber a dónde van. Algunas cosas seguramente para la basura otras para acomodar, sin tener claro qué hay en cada caja y cuál es el lugar apropiado para cada cosa.  Cajas que llevan un tiempo ahí, en el mismo estado. ¡Si esta imagen es un reflejo de mi mundo interior, que mucho trabajo tengo! -pensé mientras encontraba las palabras adecuadas para responder lentamente. “Pues, supongo que un poco desorganizado.” Respondí.  ¡Un poco!? Gritaba la parte de mi que observaba la imagen, mientras mi otro yo, el visible, trataba de disimular mi espanto.

“¿Entonces cómo esperas que esté tu mundo exterior?” Preguntó ella y yo la escuché detenidamente sin responder, como si fuera esa la primera vez en mi vida que escuchaba algo así. Como si lo que me estuviera diciendo no fuera tan obvio, tan repetido, tan trillado y tan pero tan cierto.  En esas palabras encontré muchas razones, razón para la prisa constante, razón para la ansiedad que parece haberse mudado permanentemente en el centro del estómago, razón para la interminable lista de cosas por hacer, razón para la creciente lista de proyectos sin terminar, razón para los olvidos, razón para hasta los olvidos de los olvidos, razón para la falta de aire y quizás razón para las noches sin sueño. Razón también, aprendí allí mismo, para el desalineamiento en la espalda y los dolores constantes en el cuello. ¿Y por qué no? Por qué no pensar que “eso” que somos es una sola “cosa” o por lo menos que hay una conexión imposible de negar entre nuestro mundo privado y el público, entre aquello a lo que solo tenemos acceso nosotros mismos, nuestros pensamientos y emociones y aquello que es visible a los demás, nuestro cuerpo. Se me hace imposible pensar que no y por lo tanto pensar que cualquier cosa que hacemos en un plano afecta el otro.

Hace unos meses mi esposo y yo comenzamos a pensar en la idea de buscar un nuevo apartamento. El nuestro se nos hacía pequeño y lleno de cosas por todos lados. Así como quien no quiere la cosa, vimos unos cuantos hasta que estuvimos a punto de firmar un contrato para mudarnos a uno que nos encantó. No era mucho más grande ni mucho más nuevo, pero tenía algunos detalles que nos encantaron. También tenía el encanto de un apartamento vacío, lleno de nuevas posibilidades. Al final tomamos la decisión de quedarnos donde estamos, el nuevo apartamento requería pagar mas del doble de renta y en donde estamos actualmente tenemos otras ventajas que estábamos obviando. Decidimos que una buena resaca, mucha organización y algunas mejoras son lo necesario para quedarnos ahí y estar a gusto por el momento. Así podemos enfocarnos en guardar ese dinero para otras prioridades.

El cuerpo que habitamos es uno solo en esta vida, no nos podemos mudar para otro. Y con los años, al igual que en cualquier vivienda, se acumulan muchas cosas. Vivencias, emociones, experiencias, personas, ideas, y hasta toxinas que es necesario limpiar con cierta frecuencia. Vaciar es siempre el primer paso, soltar, limpiar, organizar para continuar con más claridad, más luz, mas espacio, fluidez y con un mundo lleno de nuevas posibilidades.

Hace cuanto no te preguntan: ¿Cómo está tu mundo interior?

Lola