Con EU hay que predicar domesticamente al interior lo que se pretende defender al exterior

Por: Luis Manuel DE LA TEJA
editorteja@yahoo.com

Las campañas electorales en EU, no están descubriendo ni mucho menos creando el racismo ni la xenofobia de un sector del electorado norteamericano, las están explotando y aprovechando porque ya estaban ahí. Si queremos entender porque su discurso prende tanto volteemos a ver cómo fue que sucesivos gobiernos mexicanos descuidaron la relación con EU y se despreocuparon de la imagen de México en el Exterior, como de nuestros connacionales a los que sistemáticamente son vistos por nuestro país como un problema ajeno.

Con EU hay que predicar domésticamente al interior lo que se pretende defender al exterior, de no hacerlo así, la estrategia seria además de errática, miope. Se personaliza el problema como si se tratara del fanatismo de un hombre popular. En el fondo lo que se trata es que si hoy México es una piñata tan barata para golpear en las fiestas electorales, es porque fuimos incapaces de continuar con la estrategia que nos condujo a negociar exitosamente el TLCAN, más allá de los canales estrictamente diplomáticos. Para defender hoy coherentemente la voz de México en Estados Unidos con una imagen más justa de nuestra gente, México debe predicar crear domésticamente un andamiaje institucional que los haga exitosos allá y contenga la emigración acá.

La visión tradicional de la Diplomacia mexicana, prevaleciente en la época de los 80: “vecinos siempre, socios ahora, amigos nunca”. Esa forma de concebir la relación, nos ha llevado a donde estamos hoy día, sin estrategia, abandonando nuestros intereses y cediendo la iniciativa a todos los detractores y grupos anti- inmigrantes. Para revertirla hay que iniciar de este lado de la frontera (México) en la que prevalece un doble discurso.

Nada hicimos o muy poco como sociedad para presionar al gobierno en torno o los anteriores de generar una verdadera política pública para crear o delinear una política para emigrantes, la política migratoria ha sido precisamente eso, la ausencia de tal. Hoy tenemos un Programa Especial de Migración pero no una política de estado que conduzca la política exterior más allá de los canales formales,  respecto al papel que le corresponde a México en el mundo en el que concurra, la diplomacia parlamentaria, la diplomacia de gobiernos locales y las agendas internacionales del sector empresarial.

¿En dónde terminó la iniciativa de Vicente Fox de crear una Secretaría del Migrante? y ¿qué de la idea de la Oficina de la Presidencia  para atender dicho fenómeno? Y del sexenio de Calderón ¿qué fue de la dotación de un mayor presupuesto y autonomía al Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME) de la

Cancillería que se encarga de las comunidades de los mexicanos en el mundo?

Existe una hoja de ruta conveniente que trazaron los anteriores Embajadores de México en EU.  Eduardo Medina Mora, escribió en el Periódico Excélsior el imperativo que “nuestra relación bilateral debe aprovechar la nueva identidad bicultural surgida entre nuestros países, que trascienda estereotipos y lograr mejor entendimiento, cuyos  esfuerzos diplomáticos deben tener como objetivo llevar a la prosperidad y conocimiento mutuo, que derribe muros y construya puentes”. Posteriormente Miguel Basáñez, experto científico social de la opinión pública estadounidense, sabía leer a México, a través de las encuestas, buscó el conocimiento compartido de ciertos temas que contribuyeran con información a la formación de una mejor imagen pública de México.

Empero, las elecciones en EU, evidenciaron que no es el muro, es peor. Los alegatos contra el libre comercio y en especial los acuerdos estadounidenses con México de la que nuestra frágil economía depende, planteó, el obligado recambio del Embajador Carlos Manuel Sada, ratificado unánimemente por el Senado de la Republica, reconoció la importancia con EU, obliga superar la curva de aprendizaje y a tomar acciones inmediatas. Reconoció que faltan reacciones frente a las agresiones contra connacionales y una estrategia multifacética con EU, con una respuesta clara y oportuna, sin contrapuntear los canales diplomáticos.

La experiencia de anteriores embajadores, define que las diásporas mexicanas y sus organizaciones,  podrían convertirse en los mejores aliados del gobierno mexicano. Lejos de eso, se les ha dejado en el olvido. Dejemos la doble moral y pasemos a la praxis. Para responder a la sociedad estadounidense de las aportaciones de los mexicanos en términos económicos y sociales, es preciso comenzar en casa con una política exterior que refleje lo que nuestro país hace al interior para contener, retener, reinsertar y corregir las causas que provocan la emigración ilegal. Esta es propuesta de mi autoría y agenda de trabajo como Consejero de los Mexicanos en el Exterior.

Solo así, nunca volveremos a quedar en una situación como la actual en que somos parte protagónica de su debate interno sin tener instrumentos ni posibilidad de actuar, No con protestas sino con propuestas, debemos tener una presencia activa pero discreta, que paradójicamente nos haga invisibles: que nadie tenga incentivos para atacar a México y los mexicanos. Justamente al revés de donde hoy nos encontramos.