¿Como sobrevivir la Navidad?

 

 

 

 

 

 

¿Les doy una pista? No sigan ninguna de mis instrucciones. ¿Confundidos? Así quedamos muchas en esta época. Confundida estaba yo, por ejemplo, cuando ayer haciendo una fila kilométrica para pagar unos regalitos, pasó un empleado de la tienda a ofrecerle a cada persona en la fila completar la solicitud para La tarjeta de crédito: “¿Desea solicitar nuestra tarjeta de crédito”? Nos decía a los que ya llevábamos por lo menos 30 minutos en la fila. No pude desaprovechar la oportunidad para responderle: “¿Usted sabe lo que yo deseo en este momento? Más cajeros para no tener que hacer esta fila infernal. Y un café de paso. Gracias.” Me falto añadirle, no más feminicidios y, la paz mundial. En esos momentos me pregunto: ¿en qué estarán pensando? En otras palabras: déjeme ofrecerle una manera de endeudarse un poco más mientras usted espera más tiempo del que debería para comprar cosas que probablemente no necesita. Como dirían mis sobrinitos: “¿Siriosli?”

Más confundida quedé cuando escuché la conversación de las dos mujeres que estaban detrás de mí en la fila: Mujer #1 agarrando un pote de dulces para decorar galletitas: ¿Y qué tal si le pongo un lazo a esto y se lo regalo a fulana? Después de todo a ella le encanta hornear. La mujer #2 no contestó, pero por el silencio entre ambas presumí que captó el sarcasmo de la pregunta. “¿Qué me regalará este año”? continuaba la conversación la mujer #1, “¿Será otra licuadora? Si me regala una licuadora la vendo para adelante.” Sepan que, en este momento, yo estoy a punto de correr hacia la salida, pero continúo atrapada en la fila. Realmente no entiendo la necesidad de regalar por regalar o regalar para ver que me regalan. No me malinterpreten, me encanta regalar, no solo en Navidad, en cualquier momento. Me gusta regalar porque es una manera de dar amor, de honrar a las personas que quiero, de ver sus caras de felicidad y sobre todo la oportunidad de darles algo que signifique algo especial, algo que espero cuando lo vean o lo usen le recuerde a aquello que nos une.

En estos días pensaba con esto de los “personal brands” y cómo todo el mundo ahora ofrece talleres sobre cómo crear tu marca personal o cómo mejorar tu marca personal. Con esto de que ahora todo el mundo quiere ser un “influencer”. Pensaba yo, probablemente en alguna fila o estancada en el tráfico (de algo sirven los ratos de espera) ¿en qué momento decidimos que es necesario vendernos? Parecería que todo el mundo está tratando de venderse o vender algo al resto de la humanidad. Algo que ni siquiera es real muchas veces: una marca, una imagen para el mundo de que yo tengo todas las respuestas o yo tengo la vida que quieres tu o yo puedo resolver todos tus problemas. Qué tal si empezáramos a darnos a nosotros mismos, en nuestra forma más real, más pura. A compartir nuestro regalo más importante, que es simplemente aquello que somos, nuestra vocación, nuestra razón para estar en este plano. Y si empezamos a compartirnos de esta manera, quizás el resto nos siga (no en esa manera de “follow” que ahora es tan común, sino quizás sigan nuestro ejemplo y decidan darse en su manera más natural. Qué mejor manera de influenciar a otros que mostrarnos como realmente somos. No quiero asustarlos, pero sí, pienso en estas cosas mientras espero que cambie la luz del semáforo.

Nadie puede ayudarte a definir cuál es tu “marca personal”, es algo que debes descubrir tu misma y para ello es necesario pausar y detenernos a escucharnos por dentro. Para eso realmente es esta época, por eso los animales y los arboles descansan en el invierno. Es un momento de introspección, de ir hacia adentro de conectar con nuestra parte más profunda. De prepararnos para recibir la luz nuevamente y mostrarnos al mundo. Esto a veces es difícil hacerlo entre tanto bullicio, fiesta y comelata. ¡También me encantan las fiestas y el bullicio y sobre todo la comelata! Solo que las canitas que me he ganado me han enseñado que el tiempo de silencio de quietud y soledad en esta época es importante. No hay que ir a cada fiesta, ni regalarle a todo el mundo (¡ni comérselo todo!). Mi mejor consejo para sobrevivir la Navidad: escúchate a ti misma, decide cómo quieres mostrarte ante el mundo y aparece cuando y donde quieras y cuando no quieras, quédate en casa ponte algo cómodo, abrígate para que estés calientita y disfruta del regalo de tu propia compañía.

Les deseo a todas y todos una muy feliz Navidad.

Con mucho amor, Lola.

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