Indocumentados: Dinero sin poder ni voto

Los mexicanos indocumentados en Estados Unidos cojean de los dos pies. Ni pueden votar en Estados Unidos, y por lo burdo y burocrático del proceso, tampoco en México. Más aun, su opinión en temas políticos puede enajenar a muchos en ambos lados de la frontera por dos razones: Ni viven en México para saber lo que está pasando y en Estados Unidos ni deberían estar, mucho menos opinar. Sin duda, un balde de agua fría para los 11.5 millones de mexicanos indocumentados que viven en gringo landia.

Su poder económico en ambos países ha ido creciendo, sin fuerza política, pero sigue en ascendencia. Apenas el Banco de México emitió un reporte denotando un crecimiento del 8.1% en remesas en el mes de abril. Un aumento inesperado para muchos debido al bajo flujo de inmigración a los Estados Unidos. La explicación más sensata recae en el aumento en la cantidad promedio de remesas y no en el número transacciones.

Aunque los mexicanos indocumentados viven en Estados Unidos, la mayoría de ellos han pensado en regresar. Por eso es relevante para ellos el bienestar político, social y económico en su país de origen. Para ellos, la única forma de ejercer influencia es a través de amigos y familiares. En el fondo saben que un México más estable significa un aliciente más grande para regresar y volver a establecerse.

Un México sumergido en la violencia y la pobreza representa un exilio forzado en un país ajeno, aunque la pobreza no mata y la violencia si. Por eso las elecciones en México representan una encrucijada y una frustración enorme para los mexicanos indocumentados. Por eso se informan, opinan y enojan ante la misma forma de operar de los partidos políticos. No hay, en los ojos de muchos, un candidato que merezca gobernar México y que lo maneje bien. Aun después de la alternancia, el país tiene muchas de las mismas decadencias del ayer: votar por el menos malo.

Los tres partidos y el magisterio, se han enfrascado en una lucha por el poder que representa la presidencia o el estar cerca de ella. Vemos desde lejos al mismo PRI de siempre, hostil, autoritario rejuvenecido en su candidato pero no en sus mañas. Un PAN tibio, tímido, quizás exhausto por los dos sexenios que lleva gobernando. Su candidata, con menos cola que le pisen y por consiguiente menos experiencia, no conecta o enciende al electorado.

El PRD buscando su oportunidad en el populismo de siempre, prometiendo ayuda al más humilde, con un candidato terco que no acepta la crítica y como todos, con compromisos políticos ya amarrados. El magisterio derrochando el poder de su líder vitalicia, mujer rica, corrupta y vengativa. Desde el norte las cosas dan miedo, ¿Se podrá regresar a un país gobernado otra vez por el PRI? ¿El PAN seguiría con una estabilidad económica pero con una violencia que no cae? Aunque hasta ahora nadie ha ofrecido una alternativa diferente. ¿Cómo gobernaría el PRD? ¿Cómo Chávez o como Lula? Y la pregunta más trascendental ¿Los Mexicanos votaran por el mejor candidato o por lealtad a un partido? Aunque como se dice en México “Todos son iguales.”

Al final del día, la tónica será la misma. Los mexicanos indocumentados seguirán añorando regresar, seguirán mandando remesas y seguirán opinando sobre política. El encono de los gringos hacia las opiniones políticas de los indocumentados sigue una lógica, radical pero lógica. La critica a un paisano por opinar y no vivir en México no tiene cavidad. Quizás mas adelante se pueda formar un partido en el extranjero para nominar su propio candidato, pero hasta ahora, los mexicanos indocumentados tienen que aguantar vara: poder económico en ambos países sin representación política.

*Juan A. Vazquez el licenciado en administración de empresas por la Universidad de Wisconsin River-Falls y presidente de Intelvision Marketing.

Leave a Reply